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lunes, 9 de junio de 2014

LA ESCRITORA MEXICANA GUADALUPE NETTEL EN EL PRIMER FESTIVAL DE LA PALABRA


Guadalupe Nettel

“No creo en la felicidad estable y verdadera, solo son momentos de gracia”        


Ella empezó a escribir desde muy niña, mientras las compañeras de la escuela la molestaban. Casi todos sus personajes están en primera persona, porque de pronto, le inyectan vida, y si se trata de cuentos, le encanta utilizar expresiones mexicanas, en un mero lenguaje coloquial.

Su escritura va más allá de lo que podemos vislumbrar, ella nos conduce a esas instancias escondidas de la que nadie quiere hablar. Página, tras página, nos invita a maldecir nuestras carencias existenciales, pero también a reflexionar, como un ejercicio obligado para encontrar la puerta de escape, esa que siempre la buscamos cuando nos asfixiamos.

Ganadora del Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero 2013 con su libro de cuentos “El matrimonio de los peces rojos”, y finalista del premio Herralde por su novela “El huésped”, Guadalupe Nettel (México 1973) que ha publicado otros títulos, editados en su mayoría por la editorial Anagrama de España, estuvo de paso por Lima como invitada del Festival de la Palabra; y en una conversa amena con la periodista Clara Elvira Ospina, dio  sus puntos de vista sobre algunos temas que se viven, tanto en la cotidianidad, como en la literatura.

La tecnología y el mundo virtual le aterran sobremanera. Ella reconoce que no es muy buena para el internet, y que para escribir prefiere a veces, hacerlo con pluma y papel, ya que la pantalla del ordenador le juega una ingrata batalla a su sensible vista. Además, los Smartphones la perjudican a diario en sus relaciones con las personas, porque no puede entender que cuando va un restorán, ve a mucha gente conectada a esos aparatitos chateando y conversando con otros, que no son precisamente los que ahí les acompañan.

Clara Elvira Ospina abordó los temas y personajes que conforman “El matrimonio de los peces rojos” (Editorial páginas de espuma 2013)  –Es un bestiario porque allí están los animales— opinó la periodista.

Nettel respondió que se impresionaba, de cómo los seres humanos muchas veces se hacen embrollos innecesarios con asuntos netamente naturales; a diferencia de los animales. ---Nosotros nos sentimos orgullosos de ser superiores a ellos, sin embargo, nuestros grandes dramas son el nacimiento, y la muerte, y a veces somos incapaces para afrontar algunos problemas, pero para ellos eso es lo más sencillo y natural, y saben cómo manejarlo--- De ese primer cuento, que por cierto, lleva el título de la publicación , por ejemplo, explicó que existe un paralelo entre el deseo de los personajes de no tolerar la convivencia en pareja, con la singular especie de los peces beta, que prefieren la soledad, antes de compartir su espacio o territorio con otro similar.

La Ospina habló del siguiente cuento “Guerra en los basureros” por hacérsele impensable poner como protagonistas a las despreciables cucarachas, a diferencia de la escritora, que le pareció sumamente interesante la historia de los antepasados de esos blatodeos, que provienen de los milenarios petrolites. Precisamente, ella supo convivir con tales bichos durante mucho tiempo en Barcelona, porque sus edificios están plagados de ellos, aunque a los barceloneses no les guste hablar mucho de aquellos insectos (la mayoría afirma que las cucarachas llegaron en grandes barcos desde América) y así, tuvo que traerse desde México ácido fólico para poder combatirlas, porque llegó al convencimiento de que los verdaderos intrusos del piso fueron ella, y su marido.

Guadalupe Nettel y Clara Elvira Ospina


Al tocar el tema de las mujeres, Ospina comentó que hay movimientos activistas que deciden sobre sus propios cuerpos y que acceden al aborto. En ese sentido, Nettel reconoció que está a favor que se permita el aborto, en el caso que venga un niño con malformaciones.

En referencia al cuento “Hongos”, que habla de la tormentosa relación de dos músicos, y amantes; afirmó: --En el enamoramiento nosotros estamos dispuestos a perderlo todo por estar al lado del otro, es como los hongos, que se hacen difíciles sacarlos de una uña---

Aunque, reconoció que no sabe hacer otra cosa que escribir, actualmente redacta una columna en un medio mexicano sobre lo que acontece en el DF; y además, opinó que la labor de un traductor es sumamente ingrata, porque si lo haces bien, es el crédito para el autor, y si lo haces mal, entonces es culpa del traductor, a esto se suma que tampoco les pagan bien. 

Confesó además, que es una maniática, porque cuando tiene entre sus manos su reciente libro impreso, lo lee nuevamente y a fondo, con la pluma roja lista para corregir nuevamente, y así contribuir para mejorar la siguiente edición.

Finalmente, la Ospina abordó el típico asunto de la felicidad, pidiendo su opinión al respecto; y la respuesta de Guadalupe Nettel fue más que contundente: ---Yo quisiera realmente creer en la felicidad, pero no creo en la felicidad estable y verdadera, solo son momentos de gracia--- 


                                                                                


miércoles, 4 de junio de 2014

ENTREVISTA A FERNANDO AMPUERO SOBRE SU NUEVA NOUVELLE "LORETO"





“ME INTERESA LA FEROCIDAD HUMANA”

“La novela grande, por lo general, se dispersa y suele llenarse de ripio”

Fernando Ampuero es un autor que ha trajinado el mundo literario desde muy joven. Y en los últimos cuarenta y cinco años, ha escrito más de una decena de títulos, que en un primer momento, tocaban a la disminuida burguesía, con un tono sarcástico y sobrio. Sin embargo, con el correr del tiempo, sus personajes se hicieron más crudos, corruptos, y decadentes; como seres que habitan una jungla urbana para devorarse entre ellos.
Para Ampuero, el sentido del humor, es indispensable para vivir, tanto en sus historias de ficción, como en su vida cotidiana. Su trilogía callejera de Lima (compuesta por las novelas: Caramelo verde, Puta linda, Hasta que me orinen los perros) nos da fe del turbio aire que respiramos al salir por nuestras calles. Y esta vez, nos entrega su nueva nouvelle callejera LORETO (Planeta 2014), una historia de acción tan delictuosa como alentadora. La presentación se dará el día de hoy en la librería El Virrey de Miraflores, y contará con la presencia del ensayista y crítico peruano Julio Ortega.                                                    

          
            Acabas de publicar tu nueva novela, Loreto. Háblanos de ella

Loreto es una novela sobre la mística de los barrios bravos del Callao. Un relato desgarrado, si se quiere, aunque con espíritu de fábula, y que, a su manera, entraña un cierto lirismo. Yo diría que, formalmente, es varias cosas a la vez: una épica (que quizá resulte trasnochada, sí, pero una épica al fin y al cabo); una historia de amor en medio de la adversidad; o una novela de aprendizaje en negativo, pues en esas calles chalacas del jirón Loreto si bien se aprende lo bueno y malo, vale más lo malo, que es lo que en ciertos barrios te permite sobrevivir, porque si solo aprendieras lo bueno morirías de un balazo al primer descuido.

La Noemí de Puta linda nos deleitó con su sensualidad e inteligencia. ¿Quién es la protagonista en Loreto?  

Son dos los protagonistas: Silverio, un chiquillo que ha crecido en olor a pólvora, y Laurita, una muchacha muy atractiva, la hermana de un proyecto de cabecilla de pandilleros. Estos chicos encarnan la pasión amorosa juvenil y la pasión pandillera. Viven su primer incendio.

¿Por qué te atrae tocar el submundo urbano?

Porque me interesa la ferocidad humana, el lado peligroso de la vida. Y también porque me interesa el espíritu del mundo marginal, a partir de su desesperado sentido del orgullo y la dignidad. Todas las personas oscilamos entre la seguridad y el riesgo, pero los marginales suelen cifrar su seguridad en el riesgo. De ahí viene su gran fortaleza.

¿Cómo hiciste el trabajo de campo, si es que lo hubo, para entrar a los Barracones del Callao? 

Tengo 64 años, y a lo largo de ese tiempo he vivido varias vidas. Una de ellas, que me marcó desde muy joven, fue mi vida de barrio, pues no siempre he vivido en Miraflores. Este es un aspecto que poca gente conoce de mí. Descubrí entonces las calles duras, llenas de ilusión y pujanza,  así como de pobreza y brutalidad. Luego complementé esa experiencia con cuatro décadas de periodismo, lo que me permitió incursionar  muchas veces en los bajos fondos, incluidas las más bravas calles chalacas. Ese ha sido mi trabajo de campo; todo lo demás es imaginación.

Presumo que la literatura no da para comer, pero te da otras satisfacciones ¿Cómo te hiciste periodista? 

      Justamente por eso que mencionas: primero había que comer. Yo nací en un medio con muchas    comodidades, pero hubo una etapa de ruina económica familiar, entre los catorce y los diecisiete años. En ese periodo no podía pensar solo en la literatura. Había que trabajar, ganar becas, viajar. Más tarde vino el periodismo y fue para mí una bendición. Y lo sigue siendo todavía.  Me mantiene alerta e interesado por todo lo que sucede a mi alrededor o lejos, en el mundo.

La nouvelle es un género ignorado por algunos autores ¿Por qué a ti te fascina? 

Por la condensación. Una novela corta te deja la sensación de haber leído una historia compacta y redonda, pues va directamente a su asunto, y todo en ella se cierra como en un rompecabezas. Obviamente se sacrifica el desarrollo de los personajes secundarios, pero el lector obtiene a cambio mayor ritmo, intensidad y tensión dramática. La novela grande, por lo general, se dispersa y suele llenarse de ripio.

          ¿Por qué las editoriales exigen a sus escritores escribir novelas en lugar de cuentos? 

          Son asuntos comerciales, no una cuestión de gustos. Pero después de que a la gran Alice Munro, una            escritora dedicada al cuento, le dieran  el Premio Nobel el año pasado, las cosas podrían cambiar. 

Gabriel García Márquez acaba de partir hacia Macondo. ¿Qué podrías decir de  él?

Considero a García Márquez  como mi padre literario. Pero yo tengo muchos padres. Entre ellos, Chejov, Hemingway, Fitzgerald, Borges y también los escritores de novela negra, Hammett y Chandler. Sin embargo, García Márquez se ha ganado un lugar especial, que comparte con otro maestro de nuestro idioma, Miguel de Cervantes Saavedra.      

Hace poco llegó al país un escritor cubano-mexicano que presentó una novela que le tardó 23 años escribirla. ¿Por qué ahora muchos jóvenes se desesperan por publicar rápido?

Cada escritor sabe el tiempo y la receta que necesita para escribir una novela. Cuando yo tengo una historia en mente, le voy  dando vueltas y vueltas, y esto es lo que demora. El proceso de escritura resulta más o menos rápido, a diferencia del proceso de enfriamiento, de correcciones y, muy a menudo, de reescritura. Esta última es la mejor parte. 




Eres un autor que se preocupa por sus nuevas publicaciones, e incluso acostumbras hacer un periplo por las mesas de novedades de las librerías para corroborar que estén allí. ¿Qué carencias tienen los editores durante el  lanzamiento del mismo? 

Un amigo, el poeta Montalbetti, considera que las entrevistas son el grado cero en la repercusión de un libro. Le doy la razón, pero yo, sin embargo,  sigo dando entrevistas, pues por lo menos gracias a ellas los lectores se enteran que acaba de aparecer un nuevo libro. Las editoriales grandes te apoyan, con sus equipos de promoción, cosa muy necesaria para que un libro circule y se venda, pero los medios de prensa no siempre dan espacio a los escritores. Eso es raro. Los diarios y revistas, cuyo negocio es ofrecer la palabra escrita, deberían ser los primeros en fomentar la lectura, crear una gran cultura de lectores. Por suerte  todavía hay algunos medios que no nos dejan en el desamparo.  

Tu risa estentórea siempre se hizo notar ¿Crees que eso también generó rencores escondidos?

¿Mi risa? ¿Hay que reírse en voz baja para ser amado? No lo sabía.

¿Por qué para ti vale más el breve Chejov que el frondoso Faulkner?

Soy un hombre de jardines, de jardines silvestres o de jardines  muy cuidados, ese depende de mi estado de ánimo. Las selvas y los bosques me intimidan, a pesar de que mi segundo apellido es Del Bosque. Admiro por igual a Chejov y Faulkner, los dos son escritores geniales. Pero, a la hora de escribir, me acomoda mejor el estilo sobrio, directo, exento de ornatos y  barroquismos. Es una elección estética.

-                              En tus textos la mujer tiene un rol fundamental. ¿El Ampuero persona ha prescindido alguna            vez de una mujer? 

No. Nunca me ha pasado. Mis etapas de soledad han durado poco tiempo, quizá porque las mujeres se apiadaban de mí. La vida sin mujeres sería tranquila y ordenada, sin duda,  pero sería también más árida e incompleta ¿no crees? Una buena mujer es tu mejor cómplice.

-          Alonso Cueto renegaba cuando veía sus títulos piratas, en el jirón Miró Quesada. ¿En tu caso, qué hacías?

-          Le hacía el acompañamiento, con guitarra y con cajón. Todos mis libros también han sido igualmente pirateados.

Cuando he estado en círculos periféricos de la literatura, se habla de Fernando Ampuero como de un dandi miraflorino. ¿Te molesta eso? 

La periferia suele tener una visión distorsionada. Tengo la esperanza de que si esa gente me conociera de cerca, vería que no soy tan estirado como parezco, ni tampoco un mal tipo.

-          Fuiste muy amigo de Ribeyro. Cuéntanos una anécdota de la que hayas hablado poco, o nada.

-          Déjame por favor guardar esas anécdotas para mis memorias.

-          Tú eres cinéfilo. ¿Crees que el cine peruano realmente está despegando como muchos dicen? 

El cine está siendo tomado por fin como industria y como oficio artístico. Por ahí creo que va la cosa. Me han gustado películas recientes como “El evangelio de la carne” y “El vientre”. 

-          Cuando estudiabas en el colegio La Inmaculada te sabías de memoria la misa en latín y rezabas a diario el Rosario. ¿Cómo te va con el Clero? 

La vida de fines de los años cincuentas la veo como un recuerdo  de haber estado en otro planeta. Nunca más volví al colegio. En cuanto al clero y la iglesia, que es la burocracia de la fe, existe gente buena y mala, como en todas partes. Pero yo debo decir que la educación jesuita me marcó. A ella le debo la forma de estructurar mi pensamiento. Lo demás ha sido leer y leer, un larguísimo tren de autoeducación.

¿Cómo les fue a los peruanos en la FILBO? ¿Qué impresiones?  

La mejor de las impresiones. Definitivamente la FILBO 2014 fue una fiesta por todo lo alto. Y el Pabellón del Perú, además, fue celebrado por todos los colombianos como el mejor de las veintisiete ediciones que ha hecho la FILBO. ¿Qué más se puede pedir?   

-          El periodismo anda hoy en una crisis de valores ¿Qué opinión te merece? 

Más de valores accionarios que de valores morales, ¿no? Hay demasiadas acciones juntas en un lado de la balanza.

-          Te he visto algo subido de peso ¿Qué hay de las habituales caminatas diurnas por el malecón?

-          Todos los días me propongo volver a ellas. Salgo apenas dos días a la semana, pero quisiera poder salir unas cinco veces. Después del lanzamiento de Loreto, tendré más tiempo para las caminatas.

-          “Llámalo una cuestión de valores. Una cosa es ser un hijo de puta, y otra ser un “conchasumadre” (Hasta que me orinen los perros. Planeta 2008) ¿Cómo se te ocurren estos mordaces epígrafes? 

-          La calle inspira; la calle, tanto en los barrios pobres como en los ricos, es la escuela y la maestra. Pero tú sabes que no siempre soy tan rudo y violento como en ese epígrafe. Esa era una frase de borrachos, como la que ha dado título al libro. Filosofía de ebrios con sueños rotos.   



lunes, 11 de junio de 2012

RAY BRADBURY DECÍA: "HAY QUE TENER MUCHO CUIDADO CON LOS INTELECTUALES Y LOS PSICÓLOGOS, QUE INTENTAN DECIR LO QUE TIENES QUE LEER Y LO QUE NO"





En este momento probablemente ya esté en el planeta Marte, al menos en espíritu; pues uno de sus deseos fue que cuando él o su aliento se extinguieran, que sus cenizas fueran llevadas y enterradas dentro de una lata de conserva de sopas en un lugar de Marte que tuviese el nombre de Abismo Bradbury, para así llevarse el crédito de ser quizá el primer muerto en llegar tan lejos…

Ray Bradbury notable autor norteamericano, acaba de irse a la otra dimensión, a esa que llamamos “La desconocida” no en vano tuvo que ver con algunos episodios de la famosa serie de misterio y ficción del mismo nombre, creada por Rod Serling y que nos tuvo en vilo por varias temporadas. Su partida; a los 91 años en Los Ángeles, California fue el último martes 05 de junio. Pero su legado literario no caducará nunca, pues ya es de culto, y de lectura obligatoria para los que aún creen en una sociedad mejor, más libre; más humana; y menos racista. Pues, desde niño él sufrió en carne propia la diferencia de las clases, porque su condición tan pobre le privó incluso de ir a la universidad; pero inteligentemente supo atenuar esa incapacidad, porque nunca se detuvo en rebuscar información, que no podría adquirirla en casa. Fue entonces que se dedicó a leer todo cuanto encontrara en las bibliotecas del pueblo, permaneciendo todas las horas posibles, hasta que se durmiese, para emprender al día siguiente lo mismo, no otra cosa que leer y nada más que leer. Además, tampoco supo desaprovechar la amistad de algún acomodador de cine de su barrio que en plena época de oro del séptimo arte; le daba facilidades para espectar las películas de estreno, al igual que el personaje entrañable de la historia de “Cinema Paradiso” Totó, un niño que todo lo quería saber, sobre cine, sobre historias, sobre el amor. Y Bradbury supo encontrarlo, pero en sus pensamientos, en sus ideas socialistas, que buscaban un equilibrio que aún no veía. Es por eso que no tuvo más remedio que plasmarlas en innumerables textos, pues a pesar de su juventud, su memoria tan frágil le jugaba algunas malas pasadas al olvidar muchas de sus inspiradas ideas.

Fue entonces que demostró que un autodidacta podía tentar a las grandes ligas de la literatura; y en un género muy peculiar (fantástico, futurista), que había sido hasta esas épocas tratado muy cautelosamente a excepción de los geniales Julio Verne y H. G. Wells que fueron “adelantados” en su contexto.

Así salió a la palestra en 1945 por la editorial Doubleday & Company el libro de relatos fantásticos y futuristas “Crónicas marcianas” que narran las peripecias de un grupo de terrícolas que llegan al planeta Marte para contaminarlo de sus taras conductuales hasta extinguir a los marcianos. Empleando en algunos de ellos, discursos poéticos y hasta desesperanzadores de una civilización agonizante que ama la guerra y la división del hombre por el hombre. Dicha publicación tuvo tan arrollador éxito, que sus reediciones no se dejaron esperar, y fue así que en su primera edición en español, otro grande de la literatura contemporánea, un embelesado Jorge Luis Borges se dio el rigor de prologarla.

“Sobre el planeta rojo-que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena”.

Luego vendría en 1953 la novela de corte “Distópico” Fahrenheit 451, que narra el rol de un gobierno, de ejercer un control social opuesto a lo establecido, como la quema de todo libro impreso que haya en las ciudades, para evitar que sus lecturas hagan más infelices a los ciudadanos. Donde lo más notable e increíble, es que las propias compañías de bomberos eran las que se encargaban de la permanente misión de realizar las quemas de los textos. Definitivamente una sátira a los momentos más infortunados de la historia universal; como la quema de libros en la Alemania Nazi en 1933. Y la “cacería de brujas” que se dio en los Estados Unidos alrededor de 1953, emprendida contra todo aquel que fuera comunista, de parte del Senador Republicano Joseph McCarthy que tuvo la obsesión de que existían miles de infiltrados comunistas soviéticos en Estados Unidos. Paradójicamente, la novela fue inicialmente publicada en episodios dentro una joven revista Playboy, y muchas décadas después, Michael Moore editó un documental con similar título “Fahrenheit 911”, cosa que no le causó la menor gracia a Bradbury.

Aunque él era conocido como el mayor exponente de la ciencia-ficción, prefería que no se le encasillara con algún género especifico, pues pasó de los cuentos, a la novela, guiones de teatro y televisión, hasta pequeños ensayos. Recuerdo que hace un año en una tertulia en el bar del Hotel Maury, hablando con el viejo “cazador de libros” Jorge “Veguita”, por cierto un voraz lector; le pregunté ¿quién sería para él uno de sus escritores favoritos? Y sencillamente me respondió: “Bradbury…no hay otro. Es el genio del cuento”

Amante del pasado y de las épocas tradicionales; pudo fácilmente prescindir de algunos adelantos. Bradbury supo resistirse de algunos signos de la tecnología, Pues, no era muy asiduo al internet. Alguna vez dijo que le llamaron de la firma Yahoo para proponerle colgar en el internet una de sus novelas; y sencillamente les mandó al infierno, porque siempre consideró que los libros electrónicos nunca fueron, ni serán libros, por lo que concluía: ¡Que quemen la red en lugar de quemar libros! Además nunca obtuvo licencia de conducir, pues no le interesaron los coches, desde que era muy joven, por eso solo se transportaba en bicicleta o en patines, porque consideraba que las maquinas no eran las peligrosas, sino más bien los propios hombres que eran los que jugaban mal con ellas.

Quizá una humanidad ideal en la mente prodigiosa del poeta, era la que trascendería a otros sistemas planetarios, tal como intentó plasmarlo en sus crónicas marcianas, con la diferencia que en aquellos relatos intentó una colonización algo depredadora, enfatizando de esa manera la inevitable inherencia que tiene el ser humano con el poder.



A continuación, algunas de sus más provocadoras frases que caracterizaron su personalidad:

- Pasé tres días a la semana durante 10 años educándome en la biblioteca pública, y es mejor que el colegio. Las personas deberían educarse a sí mismas; una educación completa sin dinero de por medio. Al final de esos 10 años, leí cada libro de la biblioteca y escribí miles de historias.

- Toca un científico y tocarás un niño.

- Un libro es un arma cargada.

- Hay solo dos cosas con las que uno se puede acostar: una persona y un libro.

- Sin bibliotecas, ¿qué nos quedaría?; no tendríamos pasado ni futuro.

- Hay peores cosas que quemar libros, una de ellas es no leerlos.

- Sólo podemos progresar y desarrollarnos si admitimos que no somos perfectos y vivimos de acuerdo con esta verdad.

- Tienes que saber cómo aceptar el rechazo y rechazar la aceptación.

- Si escondes tu ignorancia, nadie te molestará, pero nunca aprenderás.

- No intento describir el futuro. Intento prevenirlo.

- No pienses. Pensar es el enemigo de la creatividad. Es auto consciente, y cualquier cosa auto consciente es terrible. No debes intentar hacer cosas. Simplemente debes hacerlas.

- La vida termina como el resplandor de un film, una chispa en la pantalla.

- La divagación es el alma del ingenio.

- Somos el milagro de la fuerza y la materia convirtiéndose a sí mismas en imaginación y voluntad.

- La ciencia ficción te balancea en el acantilado. La fantasía te empuja

- La biblioteca, por otro lado, no tiene límites. La información está ahí para que la interpretes. No hay nadie que te diga que pensar, que te diga si eres bueno o no. Lo descubres por ti mismo.

- Los misterios abundan donde la mayoría busca respuestas.

- El amor es la respuesta a todo. Es la única razón para hacerlo todo. Si no escribes historias que amas, nunca funcionará. Si no escribes historias que otras personas aman, nunca funcionará.

- Mi trabajo es ayudarte a estar enamorado.





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jueves, 26 de noviembre de 2009

GRANDE...HENRY JAMES




Hace solo unos días, terminó un muy interesante ciclo de conferencias, en honor a la literatura norteamericana. El evento estuvo organizado por el Icpna (Instituto Cultural Peruano Norteamericano) y se denominó “Maestros y Sentimentalistas de la literatura norteamericana”. El cual se llevó a cabo en cuatro fechas programadas semanalmente; allí nuestro reconocido escritor Alonso Cueto, se encargó de hacer conocer a los asistentes; el estilo, las técnicas y las motivaciones que llevaron a querer narrar sus historias. Hablamos de cuatro grandes de la literatura norteamericana como son Ernest Hemingway, Carson McCullers, F. Scott Fitzgerald y como ultima fecha el gran Henry James.
Por cierto que, por cuestiones de “dictadura laboral” me fue imposible asistir a las tres primeras conferencias, pero felizmente, logré asistir a la última, en donde Cueto se regodeó hablando y reseñando la historia y obra de Henry James, pues para todos los que conocemos a Cueto, no es novedad saber que James es su autor favorito. Él lo demostró exponiendo el tema con una musicalidad sostenida, y más impresionante aún, resultó que citaba de memoria algunos párrafos y desenlaces inesperados a lo cual James tiene acostumbrados a sus lectores.
Henry James (1843-1916), si bien fue norteamericano, pasó tanto tiempo en Europa a tal punto de llegar a ostentar el título de Sir en Gran Bretaña, pues él, desde un principio se identificó con el modus vivendi del Viejo Mundo, corrupto y artístico, pero también encantador. Motivo que causó gran escozor entre algunos críticos que no le perdonaron su prolongado exilio.
Fácilmente logró relacionarse con la intelectualidad europea, pasando largas tertulias con conocidos personajes, uno de ellos, de hecho fue el tan cuestionado Flaubert en el París del siglo XIX, también hizo amistad con James Barrie el autor de la no menos famosa “Peter Pan”, y Robert Louis Stevenson entre otros.
También, cabe pensar que quizá por haber tenido un hermano psicólogo (Williams James) de connotada trayectoria en la sociedad mundial, llegó a interpretar muy bien las características de la conducta humana, prueba de ello, es que sus obras siempre bucearon entre las interioridades de la conciencia de sus personajes, mostrando casi siempre sus dramas psicológicos, pues él siempre demostró gran pasión por la gente encerrada en sus pensamientos; que no podían ir mas allá de los convencionalismos impuestos por la sociedad moralista norteamericana de la época. Como por ejemplo: la indesmayable tenacidad de un crítico literario de tener que encontrar unas cartas de amor que su poeta favorito enviara alguna vez a una antigua amante en “Los papeles de Aspern” (1888). O la tragicomedia política “Las bostonianas” (1886) que cuenta la historia de dos personajes que se disputan la preferencia de una joven y bella activista del movimiento feminista, en pleno siglo XIX. Aunque considerada quizá como su obra maestra, publicó “Retrato de una dama” (1881) allí nos revela la historia de Isabel Archer, una dama americana que emigra a Europa, y que además es amada por cuatro hombres que marcarán su inesperado destino. Pero también publicó un peculiar titulo que hoy en día se consideraría como un thriller, “Otra vuelta de tuerca” (1898) y es nada menos que la historia de una institutriz al cuidado de dos niños, que alternan con la presencia de fantasmas, lo cual se hace más creíble, porque ella misma relata los acontecimientos, creando así certezas y dudas al mismo tiempo.

Aunque Muchos entendidos en literatura opinan que un gran novelista, no llega a tener consistencia a la hora de escribir un cuento, James lo hizo con numerosos relatos breves de gran manufactura y calidad literaria.
Ahora, si intentamos husmear un poco en la vida de James, creo que póstumamente deberíamos darle las gracias a su padre, pues la marcada preferencia que él mostró desde los primeros años hacia su hijo mayor Williams, a tal punto de presentarlo en sociedad como el hijo brillante y prometedor de la familia, hizo definitivamente, que nuestro escritor contrariamente, no cayera en los abismos de la mediocridad, transformando más bien esa indeseable marginación, en un pasaporte con destino al pensamiento y desarrollo del intelecto, del cual él, ya dejó un imborrable precedente.