sábado, 24 de diciembre de 2011

OTRO CUENTO NAVIDEÑO






Doménico se echó a llorar como un párvulo, y Fiodor en su condición de amigo mayor, le advertía que el mundo es tan maravilloso como para darle la espalda a causa de un desamor.

--- ¿Cómo puede ser posible? Antes, ella aceptó mis sentimientos, y ahora simplemente me manda al olvido, espetándome en mi propia cara que nunca sintió algo por mí, que cuanto más lejos me encuentre, más felicidad va a encontrar--- que injusta es la vida. Reclamaba Doménico.

--- ¡Por Dios Doménico!, no debes cerrar los ojos a la realidad, pues la vida es dadivosa contigo; te ha dado aire en tus pulmones, y un corazón para desplegar amor a todo ser vivo. Por ello debes ser agradecido, porque en alguna parte de la tierra, siempre habrá alguien que querrá sacrificarse por ti.

---No lo creo Fiodor--- si alguna vez hubo alguien; fueron mis padres, pero ellos ya no están conmigo, me los arrebató la eternidad. Es por eso que ya no quiero amar nunca más a nadie.

---Entiendo tu dolor, pero el tiempo y la distancia sabrán remediarlo, eso te lo aseguro, no hay mujer que merezca tanto llanto como el que tú manifiestas ahora.

Los dos amigos estaban en las vísperas de la noche de navidad, y se alistaban a cenar en casa de los padres de Fiodor, que habían preparado un enorme pavo en zumo de naranjas. Doménico consiguió reponerse un poco, y Fiodor no desaprovechó la oportunidad para narrarle algo.

---Querido amigo, te quiero tanto como para no permitir que te aflijas por asuntos que tendrán que haber quedado en el pasado. Hoy va ser navidad, y tendremos que hacer un brindis por nosotros y por la felicidad de todos los que nos rodean, porque aunque no lo creas, todos estamos rodeados de venturas y desdichas, eso es parte del juego mundano; es como una especie de equidad social.

---Creo que te entiendo querido amigo--- respondió Doménico --- pero no creo poder reponerme de tan dolorosa estocada que me han dado en el corazón.

---Aguarda solo un poco--- dijo Fiodor ---te contaré la historia de un dublinés que conoció mi abuelo cuando se fue al viejo mundo. Este dublinés era un personaje tan fascinante que llenaba salas de teatros con sus conferencias y exposiciones, y aunque únicamente hablaba de los temas cotidianos que eran muy familiares para las personas, algunos no dejaron de preguntarse: por qué tenía tantos seguidores. Es por eso que, muchos proletarios y hasta señoritos ricos le honraban con dotes y cenas pomposas con el único objeto de tenerlo muy cerca de ellos.

Pero hubo un día que oscureció para el dublinés, pues me contó mi abuelo que también fue presa de una decepción amorosa, y víctima de un escándalo de tremenda magnitud; que fue a parar a prisión.

Así, el dublinés que tanto tuvo en la vida; no estaba dispuesto a perder todo lo que había ganado. Por ello intentó reponerse, y empezó a escribir como nunca lo había hecho. Y en sus historias supo plasmar sus vivencias entremezcladas con sus sueños que aún se mantenían vivos, y que le sirvieron para dejar en el pasado todo suceso malo y desafortunado. Y entre ellas, está la historia de un estudiante enamorado que no supo ver más allá de sus narices. El relato se llama:

EL RUISEÑOR Y LA ROSA




---Dijo que bailaría conmigo si le traía rosas rojas---exclamó el joven estudiante---, pero no hay rosas en mi jardín.

Desde su nido en lo alto de la encina, lo oyó el ruiseñor. Miró entre las hojas y se puso a pensar.

--- ¡ni una rosa roja en todo mi jardín! --- dijo el joven estudiante, y sus bellos ojos se llenaron de lágrimas---. ¡Ah! ¡La felicidad depende de cosas tan insignificantes! He leído las obras de los hombres sabios y conozco todos los secretos de la filosofía, y sin embargo, por falta de una rosa roja, mi vida es una desgracia.

---He ahí, al fin, un verdadero enamorado ---dijo el ruiseñor---. Le he cantado noche tras noche, a pesar de que no lo conocía; conté su historia a las estrellas noche tras noche, y ahora lo veo. Sus cabellos son obscuros como la flor del Jacinto, y sus labios rojos la rosa de su deseo, pero la pasión le ha dado a su rostro la palidez del marfil, y la pena le ha dado una marca en la frente.

---El príncipe da un baile mañana por la noche ---susurró el joven estudiante---, y mi amada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré entre mis brazos. Apoyará la cabeza en mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay rosas rojas en mi jardín, de modo que me sentaré solo y ella no me mirará. No me prestará atención y mi corazón se hará trizas.

---He aquí, realmente, el verdadero enamorado ---dijo el ruiseñor---. Cuando canto, él sufre; mis alegrías son sus penas. Sin duda, el amor es una cosa maravillosa. Es mas precioso que una esmeralda, más caro que el más fino de los ópalos. Ni las perlas ni los rubíes, pueden comprarlo, ni se halla expuesto en el mercado. Los mercaderes no lo venden, ni puede pesarse en una balanza a cambio de oro.

---Los músicos se acomodaran en la galería--- dijo el joven estudiante--- y tocarán sus instrumentos de cuerdas, y mi amada bailará al son del arpa y el violín. Danzará con tanta ligereza, que sus pies no tocarán el suelo, y los cortesanos de ropajes vistosos la abrumarán con sus atenciones. Pero no bailará conmigo, porque no tengo una rosa roja para ofrendarle. ---se dejó caer en la hierba, escondió el rostro entre las manos y lloró.

--- ¿Por qué llora? ---preguntó una pequeña lagartija verde, mientras pasaba a su lado con la cola levantada.

--- ¿Por qué, en verdad? ---dijo una mariposa, que revoloteaba en un rayo de sol.

--- ¿Por qué, en verdad? ---le susurró una margarita a su vecino, en voz baja.

---Llora por una rosa roja ---dijo el ruiseñor.

--- ¿Por una rosa roja? ---exclamaron--- ¡Qué ridículo! ---Y la pequeña lagartija, que era un poco cínica, lanzó una carcajada.

Pero el ruiseñor comprendía el secreto de la pena del estudiante, y se mantuvo silencioso en la encina, pensando en el misterio del amor.

De pronto, desplegó sus alas oscuras para emprender el vuelo y se remontó por los aires. Atravesó el bosque como una sombra, y como una sombra planeó sobre el jardín.

En el medio del prado había un bellísimo rosal. Al verlo, voló hacia él, y se posó en una rama.

---Dame una rosa roja ---le imploró---, y te cantaré las canciones más dulces.

Pero el rosal sacudió la cabeza.

---Mis rosas son blancas ---le respondió---, tan blancas como la espuma del mar y más blancas que la nieve de las montañas. Pero ve a buscar a mi hermano, él que crece alrededor del viejo reloj de sol. Quizás él pueda darte lo que quieres.

Entonces, el ruiseñor voló hasta el rosal que crecía alrededor del viejo reloj de sol.

---Dame una rosa roja ---suplicó---, y te cantaré las canciones mas dulces.

Pero el rosal sacudió la cabeza.

---Mis rosas son amarillas ---le contestó---, tan amarillas como los cabellos de la sirena sentada en su trono ámbar, y más amarillas que el narciso que crece en el prado antes que lo siegue la hoz. Pero ve a buscar a mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante. Quizás él pueda darte lo quieres.

Entonces el ruiseñor voló hasta el rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante.

---Dame una rosa roja ---le rogó---, y te cantaré las canciones más dulces.

Pero el rosal sacudió la cabeza.

---Mis rosas son rojas ---le contestó---, tan rojas como las patas de las palomas, y más rojas que los grandes abanicos de coral que ondean y ondean en las profundidades del mar. Pero el invierno ha helado mis venas, y la escarcha ha destruido mis capullos, y la tormenta ha roto mis ramas, y no tendré rosas éste año.

--- ¡Una rosa roja es lo único que quiero! ---exclamó el ruiseñor--- ¡Solo una rosa roja! ¿Hay algún modo de conseguirla?

---Sí, lo hay ---contestó el rosal---, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.

---Dímelo ---respondió el ruiseñor---, No tengo miedo.

---Si quieres una rosa roja ---dijo el rosal---, tienes que crearla con música a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en una espina. Cantarás para mí toda la noche, hasta que la espina atraviese tu corazón y la sangre de tu vida corra en mis venas y se convierta en la mía.

---La muerte es un precio muy alto para una rosa roja ---se lamentó el ruiseñor---, y todos amamos la vida. Es agradable posarse en los arboles verdes y observar el sol en su carruaje de oro, y la luna en su carruaje de perlas. Dulce es el aroma de los espinos, dulce son las campanillas azules que se ocultan en el valle y los brezos que se mecen en las colinas. No obstante, el amor es más importante que la vida. ¿Y que es un corazón de un pájaro comparado con el corazón de un hombre?

Desplegó sus alas oscuras para emprender el vuelo, y se remontó por los aires. Atravesó el jardín como una sombra, y como una sombra planeó sobre el bosque.

El joven estudiante seguía recostado en la hierba, donde el ruiseñor lo había dejado. Aun no se le habían secado las lagrimas que empañaban sus bellos ojos.

---Sé feliz ---exclamó el ruiseñor--- sé feliz. Tendrás tu rosa roja. Yo la crearé para ti cantando mis melodías a la luz de la luna, y la teñiré con la sangre de mi corazón. Lo único que te pido a cambio es que seas un verdadero enamorado, pues el Amor es más sabio que la Filosofía, aunque ella sea más sabia y más grande que el Poder, a pesar de que él también es extraordinario. Sus alas relucen con el color del fuego y su cuerpo tiene el colorido de las llamas. Sus labios son dulces como la miel y su aliento sabe a incienso.

El estudiante levantó la vista de la hierba y se puso a escuchar, pero no llegaba a entender lo que el ruiseñor le estaba diciendo, pues solo podía comprender las cosas escritas en los libros.

Sin embargo, la encina comprendió y sintió una gran tristeza, porque quería mucho al pequeño ruiseñor que había construido su nido en sus ramas.

---Cántame una última canción ---susurró---. Me sentiré muy sola cuando te hayas ido.

Y así, el ruiseñor le cantó a la encina, y su voz era como el agua burbujeante de una jarra de plata.

Cuando hubo terminado su canción, el estudiante se puso de pie, y sacó un cuaderno y un lápiz de grafito del bolsillo.

--- El ruiseñor tiene bellas formas ---se decía, mientras paseaba por el bosque---, no puedo negarlo. ¿Pero tendrá sentimientos? Me temo que no. En realidad, es que como la mayoría de los artistas: tiene estilo, pero no es sincero. Nunca se sacrificaría por los demás. Solo piensa en su música, y todo el mundo sabe que las artes son egoístas. Aun así, hay que admitir que posee hermosas notas en su voz. Lástima que no tengan sentido o alguna utilidad.

Regresó a su habitación y se acostó en su camastro. Se puso a pensar en su amada, y al poco rato se durmió.

Cuando la luna brilló en los cielos, el ruiseñor voló hacia el rosal, y apoyó su pecho en la espina. Cantó toda la noche con el pecho recostado en la espina, y la helada luna de cristal se inclinó para escuchar su melodía. Cantó toda la noche, y la espina perpetró cada vez más hondo en su pecho, mientras se le agotaba la sangre y la vida.

Primero cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven y una chica. En la rama más alta del rosal, floreció una rosa espléndida, pétalo a pétalo, canción tras canción. Al principio era pálida como la niebla que flota sobre el rio, pálida como los pies de la mañana y plateada como las alas del amanecer. Igual a la sombra de una rosa en un espejo de plata, igual a la sombra de una rosa en una laguna, igual era la rosa que floreció en la rama más alta del rosal.

Pero el rosal le gritó al ruiseñor que se arrimara más contra la espina.

---Arrímate más, pequeño ruiseñor, o llegará el día antes de que la rosa quede terminada.

Entonces el ruiseñor se arrimó contra la espina, y su canto creció poderoso, porque alababa el nacimiento de la pasión en el alma de un mancebo y su doncella.

Y un delicado rubor sonrosado apareció en los pétalos de la rosa. De la misma manera que brota el rubor en el rostro del novio cuando besa los labios de su amada. Pero la espina no había llegado todavía hasta el corazón del ruiseñor, así que el corazón de la rosa seguía siendo blanco, porque solo la sangre del corazón de un ruiseñor puede enrojecer el corazón de una rosa.

Y el rosal le gritó al ruiseñor que se arrimara más contra la espina:

---Arrímate más, pequeño ruiseñor, o llegará el día antes de que la rosa quede terminada.

Entonces, el ruiseñor se arrimó más contra la espina y la espina tocó su corazón; súbitamente un dolor atroz surgió de sus entrañas. Amargo, amargo era el dolor, y más ardiente se volvió el canto porque alababa el amor que la muerte perfecciona, el amor que no se extingue en la sepultura.

La maravillosa rosa enrojeció, como la rosa del cielo oriental. Roja era la banda de pétalos, y rojo como el rubí era el corazón.

Pero la voz del ruiseñor desfalleció, sus pequeñas alas empezaron a batir y los ojos se le nublaron. Su canto se fue debilitando y sintió que algo le atravesaba la garganta.

Entonces lanzó su último destello de música. La luna blanca lo oyó, y olvidando el amanecer, permaneció en el cielo. La rosa roja lo oyó, y temblando extasiada, abrió sus pétalos en el aire frio de la mañana. El eco lo llevó a su caverna purpura, en las colinas, y despertó de sus sueños a los pastores. Flotó a través de los carrizos del rio, que llevaron su mensaje hasta el mar.

--- ¡Mira, mira! ---gritó el rosal!---. Ya está terminada la rosa.

El ruiseñor no contestó, pues yacía muerto entre las altas hierbas, con la espina atravesada en el corazón.

Al mediodía el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera.

--- ¡Qué suerte prodigiosa! ---exclamó---. ¡He aquí una rosa roja! Nunca vi una rosa como ésta en toda mi vida. Es tan bella que seguramente tiene un nombre largo en latín.

Y se inclinó y la separó del rosal.

Entonces se puso el sombrero y corrió hacia la casa del profesor con la rosa en la mano.

La hija del profesor estaba sentada en la puerta, enrollando seda azul en un carrete, con su pequeño perro echado a sus pies.

---Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja ---exclamó el estudiante---. Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. La llevarás esta noche cerca de tu corazón, y mientras bailamos juntos, ella te dirá lo mucho que te quiero.

La chica frunció el ceño.

---Me temo que no combina con mi vestido ---respondió---. Además, el sobrino del ministro de la Reina me ha enviado joyas autenticas, y todos saben que las joyas valen más que las flores.

--- ¡Oh! ¡Por Dios! ¡Qué desagradecida que eres! ---replicó el estudiante, furioso.

Arrojó la rosa a la calle, junto a las alcantarillas, y la rueda de un carro la aplastó.

--- ¡Desagradecida! ---dijo la muchacha---. Te diré una cosa: eres muy grosero. Después de todo, ¿quién eres? Un simple estudiante. ¡Pichs! No creo que tengas hebillas de plata en los zapatos como las que tiene el sobrino del ministro. ---Se levantó de la silla y entró en la casa.

--- ¡Qué tontería es el amor! ---dijo el estudiante, mientras se alejaba---. No es útil como la lógica porque no demuestra nada; nos habla de cosas que no van a ocurrir jamás y nos hace creer cosas quie no son verdaderas. En realidad, es poco práctico, y como en esta época lo más importante es ser practico, voy a volver a la filosofía y estudiaré metafísica.

Así pues, regresó a su habitación, abrió un gran libro polvoriento y se puso a leer.



                                                                                                                              Oscar Wilde













domingo, 27 de noviembre de 2011

RENACIMIENTO













Fuiste como una mandrágora


que primero adormece


y luego invita a la locura


de cabellos incorregibles


ensimismados y revueltos,


hice de ti mis ungüentos






Te tomé y te dejé


y nunca te fuiste


pues nunca estuviste






Terminó algo que


nunca empezó…!





















martes, 11 de octubre de 2011

"MEDIANOCHE EN PARÍS" DE WOODY ALLEN -- CRÍTICA





Medianoche en París es la última cinta del neoyorquino Woody Allen. Y a decir verdad, vuelve a la carga, al mostrarnos un magnifico retrato urbano, en el que se entremezclan las nostalgias, los deseos, las ilusiones y las frustraciones personales de seres que simplemente no se sentirán nunca conformes con lo que han podido lograr en un nada apacible, y más bien mundo neurótico que corre a la velocidad de la luz. Y el escenario donde se desarrolla la trama, no ha podido ser más hipnotizador, pues nada menos que Paris, la ciudad luz.

La película empieza con una serie de imágenes de los sitios más emblemáticos de la ciudad francesa acompañados de la infaltable banda sonora muy al estilo jazz, género preferido del director. Y lo curioso es que simultáneamente surge la típica voz en off del supuesto Allen; pero la sorpresa es que la voz viene del actor Owen Wilson que interpreta a Gil, un escritor de guiones para películas americanas, que acompaña a su prometida Inés (Rachel Mc Adams) a Paris a un viaje temporal, que luego resultará una aventura fantástica e idealista, muy al estilo de una novela literaria que nos mantiene atentos con su natural ritmo.

Una vez instalados en la ciudad, Gil e Inés son los invitados de los padres de ésta, para pasarla de cena en cena y de compras durante el día, lo cual no seduce para nada al escritor. Y peor aún cuando coinciden con una pareja de amigos de Inés, en la que el novio, Paul (Michael Sheen) resulta ser un patán de primera, que no deja de alardear sus conocimientos académicos, lo que despertará una extraña atracción en Inés. Pero Gil, luego se dispensará de acompañar al grupo a sus bailes nocturnos, para dedicarse a andar por las noches parisinas para inspirarse en escribir algo que logre satisfacerlo en lo personal, pues desde que llegó a la ciudad, decidió que debería afincarse en ella para impregnarse de su atmósfera mágica y artística, como lo hicieron algunas décadas atrás varios artistas y escritores. Es allí donde da inicio a su mágico tour por el tiempo, y en la medianoche, es recogido de una calle por un viejo coche de la belle époque, en el que podrá alternar con los iconos del arte y la literatura de los años veinte. Personajes como Scott Fitzgerald y su bipolar esposa Zelda, Ernest Hemingway, Henry Matisse, Edgar Degas, Juan Belmonte, Man Ray, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Pablo Picasso, Adriana (la ocasional amante de los artistas), Henri de Tolouse-Lautrec, T.S Elliot y la temperamental Gertrude Stein se darán el tiempo suficiente para tertuliar e influir en las próximas decisiones de Gil, llegando incluso hasta el célebre Maxim`s de Paris.

Definitivamente “Medianoche en París” es un tributo a la ciudad luz, y en especial a ese ambiente artístico y bohemio que la caracterizó desde el siglo pasado; pero lo más esencial de esta fábula, es desmitificar que todo tiempo pasado fue mejor, pues el protagonista ha tenido que vivir con propia experiencia su paso por los maravillosos años veinte para reflexionar sobre la insatisfacción del ser humano con su entorno, pues al tenerse algo consigo, simplemente faltará más y siempre más, es como obedece así la complejidad del ser humano, y Allen simplemente ha sabido parodiar una metáfora fascinante e idealista, en la que designa como su alter ego al indeterminado Gil.

El reparto es variopinto, desde la sensual Marion Cotillard (que interpreta a la musa Adriana); hasta la primera dama francesa Carla Bruni, que hace el papel de una encantadora guía turística. Y el final, aunque es algo predecible, no deja de ser romántico, en especial para los admiradores del compositor de Night and Day, el genial Cole Porter.

Y, si como espectadores hemos quedado algo no correspondidos con las dos anteriores cintas del genio neoyorquino, cabe mencionar que en esta ocasión ha sabido reivindicar su muy creativa manufactura de antaño, con planos pausados pero eficaces en la distención, logrando así una placentera fotografía y una soberbia banda sonora.



Ficha Técnica:

- Titulo original: Midnight in Paris.

- Director y guionista: Woody Allen.

- Fotografía: Darius Khondji.

- País: Estados Unidos, España.

- Año: 2011.

- Duración: 100 minutos.

- Genero: Comedia romántica.

- Reparto: Owen Wilson, Rachel Mc Adams, Kurt Fuller, Mimi Kennedy, Marion Cotillard, Michael Sheen, Adrien Brody, Kathy Bates, Alison Pill, Léa Seydoux.


sábado, 1 de octubre de 2011

EN LA ADMINISTRACIÓN DE CORREOS




Anton Chejov (1860-1904), fue el gran precursor del uso del monólogo como técnica, y seguirá siendo considerado el maestro del relato corto. No por algo, autores norteamericanos consagrados como Raymond Carver, Arthur Miller y el propio Tennessee Williams, han sabido verse influenciados por el escritor ruso.

El relato que va a continuación, nos introduce a un mundo convencional e hipócrita; aspectos que Chejov siempre detestó de la sociedad del siglo XIX. Pero al mismo tiempo la ironía y la provocación, han sido empleados con sutiles recursos narrativos, listos para leérnoslo de un tirón y sin dejar de pensar cuál es el mensaje final de estas líneas…



CUENTO
Autor: Anton Chéjov



La joven esposa del viejo administrador de Correos Hattopiertzof acababa de ser inhumada. Después del entierro fuimos, según la antigua costumbre, a celebrar el banquete funerario. Al servirse los buñuelos, el anciano viudo rompió a llorar, y dijo:

--Estos buñuelos son tan hermosos y rollizos como ella.

Todos los comensales estuvieron de acuerdo con esta observación. En realidad era una mujer que valía la pena.

--Sí; cuantos la veían quedaban admirados –accedió el administrador--. Pero yo, amigos míos, no la quería por su hermosura ni tampoco por su bondad; ambas cualidades corresponden a la naturaleza femenina, y son harto frecuentes en este mundo. Yo la quería por otro rasgo de su carácter: la quería --¡Dios la tenga en su gloria!—porque ella, con su carácter vivo y retozón, me guardaba fidelidad. Sí, señores; érame fiel, a pesar de que ella tenía veinte años y yo sesenta. Sí, señores; érame fiel, a mí, el viejo.

El diácono, que figuraba entre los convidados, hizo un gesto de incredulidad.

--¿No lo cree usted?—le preguntó el jefe de Correos.

--No es que no lo crea; pero las esposas jóvenes son ahora demasiado…, entendez vous…? sauce provenzale…

--¿De modo que usted se muestra incrédulo? Ea, le voy a probar la certeza de mi aserto. Ella mantenía su fidelidad por medio de ciertas artes estratégicas o de fortificación, si se puede expresar así, que yo ponía en práctica. Gracias a mi sagacidad y a mi astucia, mi mujer no me podía ser infiel en manera alguna. Yo desplegaba mi astucia para vigilar la castidad de mi lecho matrimonial. Conozco unas frases que son como una hechicería. Con que las pronuncie, basta. Yo podía dormir tranquilo en lo que tocaba a la fidelidad de mi esposa.

¿Cuáles son esas palabras mágicas?

--Muy sencillas, yo divulgaba por el pueblo ciertos rumores. Ustedes mismos los conocen muy bien. Yo decía a todo el mundo: “Mi mujer Alona, sostiene relaciones con el jefe de Policía Zran Alexientch Zalijuatski”. Con esto bastaba.

Nadie se atrevía a cortejar a Alona, por miedo al jefe de Policía. Los pretendientes apenas la veían echaban a correr, por temor de que Zalijuatski no fuera a imaginarse algo. ¡Ja! ¡Ja!...cualquiera iba a enredarse con ese diablo. El polizonte era capaz de anonadarlo, a fuerza de denuncias. Por ejemplo, vería a tu gato vagabundeando y te denunciaría por dejar tus animales errantes…; por ejemplo…

--¡Cómo! ¿Tu mujer no estaba en relaciones con el jefe de Policía? –exclaman todos con asombro.

--era una astucia mía. ¡Ja! ¡Ja!...! Con que habilidad los llamé a engaño!

Transcurrieron algunos momentos sin que nadie turbara el silencio.

Nos callábamos por sentirnos ofendidos al advertir que este viejo gordo y de nariz encarnada, se había mofado de nosotros.

--Espera un poco. Cásate por segunda vez. Yo te aseguro de que no nos volverás a coger--- murmuró alguien.



Fin

lunes, 26 de septiembre de 2011

SOSIEGO




La vida es una quimera…y cual fábula es como la concibo

y entre recodo y recodo me llevó a tus líneas perfectas

a tus ojos consentidores e intensos…a tus cabellos traviesos

que me invitan a la fiesta.

a tu rostro que me sabe a perfecto bálsamo que alivia

mis angustias, mis deseos, mis ganas de perpetuarte

en mis pensamientos.


Así eres tú, bella criatura, que aunque estés tan lejos

aún te siento tan cerca para embriagarme

con tu embelesador aliento.

solo te pido que nunca te vayas…que estés allí.

y aunque en algún momento no pueda reflejarme

en tu mirada, nunca olvides el acelerado palpito

de mi obstinado corazón que pudo acariciar tu mano.


Más, nunca dejaré de estar agradecido con la fábula,

complice y sabia, que hizo que llegue hasta ti

y me ayudó a conocerte.


Mi dulce y temperamental musa

hoy gracias a ti, destilo felicidades por donde ando…

y te espero en mi sendero secreto y mágico, que siempre aguardará

nuestro encuentro…!

domingo, 4 de septiembre de 2011

FINAL DE AMORES







Los rayos solares no cejan de acariciarme


y la arena, lejos de volverse una gran montaña se allana


Las sirenas desde lejos me aclaman


Mientras, recuerdo esas travesías azules


en cuyas noches sucumbía.


Vuelvo en sí, y estoy a punto de ceder


ante el horizonte paciente


Me resisto y espero


Y reabro nuestro baúl de copas, pasiones y desdichas


El tiempo impaciente expira, y el profundo azul me llama


Entonces una vez más me vuelvo hacia el mundo


Y no estás allí…aún no llegas


Y mis alas se quiebran al saber que quizá nunca lo hiciste


y no espero más encontrarte


El calor que me alimenta, va borrando tu nombre


y me apresuro a entrar…


Los hipocampos me ayudan y el Merlín me desliza,


He encontrado mi edén, azul, transparente y tumultuoso.






viernes, 26 de agosto de 2011

JOHN MALKOVICH EN PUESTA LÍRICA TEATRAL EN LIMA


Visconde de Valmont



Recuerdo la manera tan descarnada de asesinar de este extraño personaje. Le dio un tiro entre ceja y ceja, al joven policía compañero del veterano Frank Corrigan, quién luego tendría con él una cuenta pendiente, para evitar el próximo asesinato del presidente.

Hablamos de la cinta “In the line of fire” En la línea del fuego (1993), en la que John Malkovich, encarnó a Mitch Leary, un psicópata que lidió una batalla personal con el personaje de guardaespaldas del servicio secreto, encarnado por el duro Clint Eastwood.

Pero esas dotes de seductor, propias de un amante que representaba a la Francia decadente del siglo XVIII, las mostró con absoluta sutileza, e impecable actuación, en la cinta “Dangerous Liaisions” (Relaciones Peligrosas) 1988. En la que Malkovich hizo el papel del inescrupuloso Visconde de Valmont, enredándose en intrigas sexuales y políticas.

Y aunque la lista sería muy extensa para reseñar los trabajos de este actor norteamericano de 57 años. Luego vinieron cintas como: El imperio del Sol de Steven Spielberg, El Retrato de una dama; ¿Quieres ser John Malkovich?, el amigo americano-El juego de Ripley; y Klimt, entre otras manufacturas bien logradas.

El caso, es que ahora John Malkovich visitará nuestro país y no precisamente para vacacionar en el Valle sagrado, o en las ruinas cuzqueñas como lo han venido haciendo los últimos años muchas luminarias del cine, sino más bien para interpretar a un asesino en la puesta lírica teatral “Comedia infernal: confesiones de un asesino en serie”. Allí nos cuenta la historia de Jack Unterwerger, un escritor austriaco y asesino de prostitutas que en prisión, se hizo célebre por sus cuentos narrativos, recibiendo luego la redención, para salir en libertad.

Como dijimos, es una puesta lírica teatral, porque estará acompañado de las reconocidas exponentes de la ópera, las sopranos: Bernarda Bobro, Aleksandra Zamojska, Laura Aikin y Kristen Blaise, además de la orquesta barroca: Orchester Wiener Akademie de Austria.

Sin duda que seremos testigos de un evento cultural sin precedentes, pues a Malkovich no se lo ve así nomas todas las temporadas, ya que las salas de Broadway acaparan sus actuaciones.

La cita: no sabemos por qué; pero será en el Cuartel General del Ejército (Pentagonito), únicamente los días 27 y 28 de octubre. y los tickets se venderán desde el 1 de setiembre en Tu Entrada.





sábado, 23 de julio de 2011

EMILIA PARDO BAZÁN, LA AUTORA CONTESTATARIA DEL SIGLO XIX





La ensayista, Condesa y escritora Emilia Pardo Bazán, nacida en La Coruña en el siglo XIX (1851-1921) desde muy pequeña tuvo una relación cercana con los libros, y acudía diariamente a la biblioteca del padre, donde se encerraba por horas para adentrarse en las diferentes historias fantásticas de los autores universales. Mujer de carácter, y pese a ostentar titulo nobiliario; fue la que impulsó el Naturalismo en España, y luego de una accidentada separación del marido, inició un fuerte romance con Benito Pérez Galdós. De esa forma, la España de esa época fue testigo de una autora prolífica y contestataria, cosa más prohibida para una mujer de entonces.

A continuación, tenemos un relato corto y espeluznante…la historia de Dorotea. Con una descripción escalofriante, donde la atmósfera cobra gran relevancia visual. Con un ritmo que nos mantiene en vilo, La Resucitada nos enseña que aún en los niveles más pantanosos; tanto el amor como la lealtad, siempre serán importantes “cultos” para los mortales y los no mortales. Y aunque el valor de la esperanza nunca debería de extinguirse, en ciertas ocasiones…es preferible seguir el camino de la resignación…!







CUENTO: LA RESUCITADA

Autora: Emilia Pardo Bazán



Ardían los cuatro blandones soltando gotazas de cera. Un murciélago, descolgándose de la bóveda, empezaba a describir torpes curvas en el aire. Una forma negruzca, breve se deslizó al ras de las losas y trepó con sombría cautela por un pliegue del paño mortuorio. En el mismo instante abrió los ojos Dorotea de Guevara, yacente en el túmulo.

Bien sabía que no estaba muerta; pero un velo de plomo, un candado de bronce le impedían ver y hablar. Oía, eso sí. Y percibía –como se percibe entre sueños- lo que con ella hicieron al lavarla y amortajarla. Escuchó los gemidos de su esposo, y sintió lágrimas de sus hijos en sus mejillas blancas y yertas. Y ahora, en la soledad de la iglesia cerrada, recobraba el sentido, y le sobrecogía mayor espanto. No era pesadilla, sino realidad. Allí el féretro, allí los cirios…, y ella misma envuelta en el blanco sudario, al pecho el escapulario de la Merced.

Incorporada ya, la alegría de existir se sobrepuso a todo. Vivía. ¡Qué bueno es revivir, revivir, no caer en el pozo oscuro! En vez de ser bajada al amanecer, en hombros de criados a la cripta, volvería a su dulce hogar, y oiría el clamoreo regocijado de los que la amaban y ahora la lloraban sin consuelo. La idea deliciosa de la dicha que iba a llevar a la casa hizo latir su corazón, todavía debilitado por el síncope. Sacó las piernas del ataúd, brincó al suelo, y con la rapidez suprema de los momentos críticos combinó su plan. Llamar, pedir auxilio a tales horas sería inútil. Y de esperar el amanecer en la iglesia solitaria, no era capaz; en la penumbra de la nave creía que asomaban caras fisgonas de espectros y sonaban dolientes quejumbres de ánimas en pena…Tenía otro recurso: salir por la capilla del Cristo.

Era suya: pertenecía a su familia en patronato. Dorotea alumbraba perpetuamente, con rica lámpara de plata, a la santa imagen de Nuestro Señor de la Penitencia. Bajo la capilla se cobijaba la cripta, enterramiento de los Guevara Benavides. La alta reja se columbraba a la izquierda, afiligranada, tocada a trechos de oro rojizo, rancio. Dorotea elevó desde su alma una deprecación fervorosa al Cristo. ¡Señor! ¡Que encontrase puestas las llaves! Y las palpó: allí colgaban las tres, el manojo; la de la propia verja, la de la cripta a la cual se descendía por un caracol dentro del muro, y la tercera llave, que abría la portezuela oculta entre las tallas del retablo y daba a estrecha calleja, donde erguía su fachada infanzona el caserón de Guevara, flanqueado de torreones. Por la puerta excusada entraban los Guevara a oír misa en su Capilla, sin cruzar la nave. Dorotea abrió, empujó…estaba fuera de la iglesia, estaba libre.

Diez pasos hasta su morada…El palacio se alzaba silencioso, grave, como un enigma. Dorotea cogió el aldabón trémula, cual si fuese una mendiga que pide hospitalidad en una hora de desamparo. “¿Esta casa es mi casa, en efecto?”, pensó, al secundar al aldabonazo firme…Al tercero, se oyó ruido dentro de la vivienda muda y solemne, envuelta en su recogimiento como en larga faldamenta de luto. Y resonó la voz de Pedralvar, el escudero, que refunfuñaba:

-¿Quién? ¿Quién llama a estas horas, que comido le vea yo de perros?

-Abre, Peldavar, por tu vida… ¡Soy tu señora, soy doña Dorotea de Guevara!... ¡Abre presto!...

-Váyase enhoramala el borracho… ¡Si salgo, a fe que lo ensarto!...

-Soy doña Dorotea… Abre… ¿No me conoces en el habla?

Un reniego, enronquecido por el miedo, contestó nuevamente. En vez de abrir, Pedralvar subía la escalera otra vez. La resucitada pegó dos aldabonazos más. La austera casa pareció reanimarse; el terror del escudero corrió a través de ella como un escalofrío por un espinazo. Insistía el aldabón, y en el portal se escucharon taconazos, corridas y cuchicheos. Rechinó, al fin, claveteado portón entreabriendo sus dos hojas, y un chillido agudo salió de la boca sonrosada de la doncella Lucigüela, que elevaba un candelabro de plata con vela encendida, y lo dejó caer de golpe; se había encarado con su señora, la difunta, arrastrando la mortaja y mirándola de hito en hito…

Pasado algún tiempo, recordaba Dorotea –ya vestida de acuchillado terciopelo genovés, trenzada la crencha con perlas y sentada en un sillón de almohadones, al pie del ventanal-, que también Enrique de Guevara, su esposo, chilló al reconocerla; chilló y retrocedió. No era de gozo el chillido, sino de espanto…De espanto, sí; la resucitada no lo podía dudar. Pues acaso sus hijos, Doña Clara de once años; don Félix de nueve, ¿no habían llorado de puro susto cuando vieron a su madre que retornaba de la sepultura? Y con llanto más afligido, más congojoso que el derramado al punto en que se la llevaban… ¡Ella que creía ser recibida entre exclamaciones de intensa felicidad! Cierto que días después se celebró una función solemnísima en acción de gracias; cierto que se dio un fastuoso convite a los parientes y allegados; cierto, en suma, que los Guevaras hicieron cuanto cabe hacer para demostrar satisfacción por el singular e impensado suceso que les devolvía a la esposa y a la madre… Pero doña Dorotea, apoyado el codo en la repisa del ventanal y la mejilla en la mano, pensaba en otras cosas.

Desde su vuelta al palacio, disimuladamente, todos le huían. Diríjase que el soplo frio de la huesa, al hálito glacial de la cripta, flotaba alrededor de su cuerpo. Mientras comía, notaba que la mirada de los servidores, la de sus hijos, se desviaba oblicuamente de sus manos pálidas, y que cuando se acercaba a sus labios secos la copa de vino, los muchachos se estremecían. ¿Acaso no les parecía natural que comiese y bebiese la gente del otro mundo? Y doña Dorotea venia de ese país misterioso que los niños sospechan aunque no lo conozcan…Si las pálidas manos maternales intentaban jugar con los bucles rubios de don Félix, el chiquillo se desviaba, descolorido él a su vez, con el gesto del que evita contacto que le cuaja la sangre. Y a la hora medrosa del anochecer, cuando parecen oscilar las largas figuras de las tapicerías, si Dorotea se cruzaba con doña Clara en el comedor del patio, la criatura, despavorida, huía al modo con que se huye de una maldita aparición…

Por su parte el, esposo –guardando a Dorotea tanto respeto y reverencia que ponía maravilla-, no había vuelto a rodearle el fuerte brazo a la cintura…En vano la resucitada tocaba de arrebol sus mejillas, mezclaba a sus trenzas cintas y aljófares y vertía sobre su corpiño pomitos de esencias de Oriente. Al trasluz del colorete se transparentaba la amarillez cérea; alrededor del rostro persistía la forma de la toca funeral, y entre los perfumes sobresalía el vaho húmedo de los panteones. Hubo un momento en que la resucitada hizo a su esposo lícita caricia; quería saber si sería rechazada. Don Enrique se dejó abrazar pasivamente; pero en sus ojos, negros y dilatados por el horror que a pesar suyo se asomaba a las ventanas del espíritu; en aquellos ojos un tiempo galanes atrevidos y lujuriosos, leyó Dorotea una frase que zumbaba dentro de su cerebro, ya invadido por rachas de demencia.

-De donde tú has vuelto no se vuelve…

Y tomó bien sus precauciones. El propósito debía realizarse por tal manera, que nunca se supiese nada; secreto eterno. Se procuró el manojo de llaves de la capilla y mandó fabricar otras iguales a un mozo herrero que partía con el tercio a Flandes al día siguiente. Ya en poder de Dorotea las llaves de su sepulcro, salió una tarde sin ser vista, cubierta con un manto; se entró en la iglesia por la portezuela, se escondió en la capilla de Cristo, y al retirarse el sacristán cerrando el templo, Dorotea bajó lentamente a la cripta, alumbrándose con un cirio prendido en la lámpara; abrió la mohosa puerta, cerró por dentro, y se tendió, apagando antes el cirio con el pie…



                                 FIN

domingo, 26 de junio de 2011

COLINAS COMO ELEFANTES BLANCOS




A continuación una pequeña historia que funciona de maravilla aún en el tiempo actual. Porque así son los relatos del maestro Hemingway, que como menester se encargan primero de atraparnos en sus primeras líneas, para luego sobre la marcha intrigarnos, hasta poder llegar a cerrar el “pacto”. Ese pacto implícito y cómplice a la vez que sólo puede existir entre el autor y el lector, que luego de descifrar la trama descansa con esa gran sensación de satisfacción.

El cuento se centra en España, país amado por el norteamericano y se va desarrollando con un creciente ritmo que confirma la sutileza del autor…





                            Colinas como elefantes blancos

                                             (Cuento)

                                       Ernest Hemingway


Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni arboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre los líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El norteamericano y la muchacha que iba con él tomaron asiento en una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid.

-¿Qué tomamos? –preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa.

-Hace calor –dijo el hombre.

- Tomemos cerveza.

- Dos cervezas –dijo el hombre hacia la cortina.

- ¿Grandes? –preguntó una mujer desde el umbral.

- Sí. Dos grandes.

La mujer trajo dos tarros de cerveza y dos portavasos de fieltro. Puso en la mesa los portavasos y los tarros y miró al hombre y a la muchacha. La muchacha miraba la hilera de colinas. Eran blancas bajo el sol y el campo estaba pardo y seco.

-Parecen elefantes blancos –dijo.

-Nunca he visto uno –el hombre bebió su cerveza.

- No, claro que no.

- Nada de claro – dijo el hombre- Bien podría haberlo visto.

La muchacha miró la cortina de cuentas.

-Tiene algo pintado –dijo- ¿Qué dice?

- Anís del Toro. Es una bebida.

- ¿Podríamos probarla?

- Oiga –llamó el hombre a través de la cortina.

La mujer salió del bar.

-Cuatro reales.

- Queremos dos de Anís del Toro.

- ¿Con agua?

- ¿Lo quieres con agua?

- No sé –dijo la muchacha- ¿Sabe bien con agua?

- No sabe mal.

- ¿Los quieren con agua? –preguntó la mujer.

- Sí, con agua.

- Sabe a orozuz –dijo la muchacha y dejó el vaso.

- Así pasa con todo.

- Sí –dijo la muchacha- . Todo sabe a orozuz. Especialmente las cosas que uno ha esperado tanto tiempo, como el ajenjo.

- Oh, basta ya.

- Tú empezaste –dijo la muchacha- . Yo me divertía. Pasaba un buen rato.

- Bien tratemos de pasar un buen rato.

- De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente?

- Fue ocurrente.

- Quise probar esta bebida. Eso es todo lo que hacemos, ¿no? ¿Mirar cosas y probar bebidas?

- Supongo.

La muchacha contempló las colinas.

-Son preciosas colinas -dijo- . En realidad no parecen elefantes blancos. Solo me refería al color de su piel entre los árboles.

- ¿Tomamos otro trago?

- De acuerdo.

El viento cálido empujaba contra la mesa la cortina de cuentas.

-La cerveza está buena y fresca –dijo el hombre.

- Es preciosa –dijo la muchacha.

- En realidad se trata de una operación muy sencilla, Jig –dijo el hombre- . En realidad no es una operación.

La muchacha miró el piso donde descansaban las patas de la mesa.

-Yo sé que no te va a afectar, Jig. En realidad no es nada. Sólo es para que entre el aire.

La muchacha no dijo nada.

-Yo iré contigo y estaré contigo todo el tiempo. Solo dejan que entre el aire y luego todo es perfectamente natural.

- ¿Y qué haremos después?

- Estaremos bien después. Igual que como estábamos.

- ¿Qué te hace pensarlo?

- Eso es lo único que nos molesta. Es lo único que nos hace infelices.

La muchacha miró las cortinas de cuentas, extendió la mano y tomó dos de las sartas.

-Y piensas que estaremos bien y seremos felices.

- Lo sé. No debes tener miedo. Conozco mucha gente que lo ha hecho.

- Yo también –dijo la muchacha- . Y después todos fueron tan felices.

- Bueno –dijo el hombre- , si no quieres no estás obligada. Yo no te obligaría si no quisieras. Pero sé que es perfectamente sencillo.

- ¿Y tú de veras quieres?

- Pienso que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si en realidad no quieres.

- Y si lo hago, ¿serás feliz y las cosas serán como eran y me querrás?

- Te quiero. Tú sabes que te quiero.

- Sí, pero si lo hago, ¿volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos?

- Me encantará. Me encanta, pero en estos momentos no puedo disfrutarlo. Ya sabes cómo me pongo cuando me preocupo.

- Si lo hago, ¿nunca volverás a preocuparte?

- No me preocupará que lo hagas, porque es perfectamente sencillo.

- Entonces lo haré. Porque yo no me importo.

- ¿Qué quieres decir?

- Yo no me importo.

- Bueno, pues a mí sí me importas.

- Ah, sí. Pero yo no me importo. Y lo haré y luego todo será magnífico.

- No quiero que lo hagas si te sientes así.

La muchacha se puso en pie y caminó hasta el extremo de la estación. Allá, del otro lado, había campos de grano y árboles a lo largo de las riberas del Ebro. Muy lejos, más allá del río, había montañas. La sombra de una nube cruzaba el campo de grano y la muchacha vio el rio entre los árboles.

-Y podríamos tener todo esto –dijo- Y podríamos tenerlo todo y cada día lo hacemos más imposible.

- ¿Qué dijiste?

- Dije que podríamos tenerlo todo.

- Podemos tenerlo todo.

- No, no podemos.

- Podemos tener todo el mundo.

- No, no podemos.

- Podemos ir a dondequiera.

- No, no podemos. Ya no es nuestro.

- Es nuestro.

- No, ya no. Y una vez que te lo quitan, nunca lo recobras.

- Pero no nos los han quitado.

- Ya veremos tarde o temprano.

- Vuelve a la sombra –dijo él- No debes sentirte así.

- No me siento de ningún modo –dijo la muchacha- . Nada más sé cosas.

- No quiero que hagas nada que no quieras hacer…

- Ni que no sea por mi bien –dijo ella- . Ya sé. ¿Tomamos otra cerveza?

- Bueno. Pero tienes que darte cuenta…

- Me doy cuenta –dijo la muchacha. - ¿No podríamos callarnos un poco?

Se sentaron a la mesa y la muchacha miró las colinas en el lado seco del valle y el hombre la miró a ella y miró la mesa.

-Tienes que darte cuenta –dijo- que no quiero que lo hagas si tú no quieres. Estoy perfectamente dispuesto a dar el paso si algo significa para ti.

- ¿No significa nada para ti? Hallaríamos manera.

- Claro que significa. Pero no quiero a nadie más que a ti. No quiero que nadie se interponga. Y sé que es perfectamente sencillo.

- Sí, sabes que es perfectamente sencillo.

- Está bien que digas eso, pero en verdad lo sé.

- ¿Querrías hacer algo por mi?

- Yo haría cualquier cosa por ti.

- ¿Querrías por favor por favor por favor por favor callarte la boca?

Él no dijo nada y miró las maletas arrimadas a la pared de la estación. Tenían etiquetas de todos los hoteles donde habían pasado la noche.

-Pero no quiero que lo hagas –dijo-, no me importa en absoluto.

- Voy a gritar -dijo la muchacha.

La mujer salió de la cortina con dos tarros de cerveza y los puso en los húmedos portavasos de fieltro.

-El tren llega en cinco minutos –dijo.

- ¿Qué dijo? –preguntó la muchacha.

- Que el tren llega en cinco minutos.

La muchacha dirigió a la mujer una vivida sonrisa de agradecimiento.

-Iré llevando las maletas al otro lado de la estación –dijo el hombre. Ella le sonrió.

- De acuerdo. Ven luego a que terminemos la cerveza.

Él recogió las dos pesadas maletas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró a la distancia pero no vio el tren. De regreso cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren se hallaba bebiendo. Tomó un anís en la barra y miró a la gente. Todos esperaban razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de cuentas. La muchacha estaba sentada y le sonrió.

-¿Te sientes mejor? –preguntó él.

- Me siento muy bien –dijo ella- . No me pasa nada. Me siento muy bien.

                                                                         
                                        FIN










viernes, 13 de mayo de 2011

YA ERA HORA QUE EXISTA UNA MARCA PERÚ






Acabo de ver el video del documental Marca Perú, y he quedado impresionado por la forma en que a nuestro país se lo eleva hasta las cumbres de lo mejor que pueda haber en el resto del planeta. Es un documental tan integrador y tan inclusivo, que se encarga hasta la saciedad, de publicitar las maravillas de las que goza el Perú, con la idea de designar a sus “embajadores” entre ellos: surfistas, cantantes folklóricas, cocineros nacionales, entre otros, para que viajen por los rincones del mundo a otorgar “derechos adquiridos”. Como lo son, el goce de los recursos, productos, y cultura peruana.

Enhorabuena que se hagan estas campañas para difundir en el exterior las grandezas de nuestro país. Y una felicitación al Mincetur y a PromPerú por la valiosa iniciativa que ya empieza a dar sus frutos. Porque así es nuestro Perú. Un país tan grande que fue rico en todo, desde épocas milenarias.

No hace mucho, tuve la oportunidad de estudiar el tema de Caral, una gran civilización milenaria, por cierto la más antigua de América.

Caral se desarrolló en el valle de Supe, hace aproximadamente 5000 años.

Allí desarrollaron un sistema organizacional, social y comercial realmente envidiable. Un sistema que quizá en la actualidad sea solo exclusividad de los países del primer mundo. Por ello, y por muchas otras razones, me siento realmente orgulloso de haber nacido en ésta tierra bendita, que ofrece muchas cosas maravillosas, como su prodigioso clima, sus regiones, su gente, sus laureados deportistas, sus literatos, pues ya tenemos un premio Nobel. Y qué decir de sus científicos, que hoy se encuentran desperdigados por todo el mundo aportando teorías nuevas a la ciencia, y en especial, nuestra alta y variada gastronomía que hoy seduce a los mejores paladares del planeta.

Si bien, es innegable que tenemos grandes recursos naturales, grandes potencialidades en recursos humanos, y sobre todo una excelente geografía. ¿Por qué ostentamos el titulo de ser un país “emergente” y/o “en vías de desarrollo”? ¿Acaso no tenemos las mismas oportunidades y condiciones naturales que los jaladitos (nipones) que están en el otro lado del mundo, o que los arios, que se creían la raza superior en los años 40, o los anglo-sajones?

Por eso creo que es el momento de despegar, y no hay tardanza para ello. Pero hagámoslo ya. Recuerdo que hace algunas décadas, un presidente norteamericano que fue atentado en Dallas, en uno de sus discursos públicos anteriores, mencionó a sus electores “No esperen ni pregunten qué puedo hacer yo por ustedes, sino mas bien pregúntense ustedes mismos, ¿qué puedo hacer yo por mi Nación?” Esa frase realmente me marcó, y me pareció tanto como sensata, alentadora. Pero tampoco quiero caer en un idealismo ingenuo, que no es compatible con nuestra cruda realidad social. Por eso, en nuestro país es hora que los poderes del Estado, se pongan la camiseta de la transparencia y del compromiso hacia sus gobernados. Que siquiera, tengan un ápice de instinto de batalla contra la impunidad y la corrupción; que hoy es bien sabido y demostrado que provenía de las altas esferas, y desafortunadamente contamina y contagia a los sectores más bajos, pero no debemos contaminarnos con éste cáncer que en muchos casos ataca a los más privilegiados, a los más instruidos, a los más versados, que a sabiendas, simplemente cruzan la línea, sin tener lugar para el retorno.

No es novedad para nadie que en nuestra sociedad peruana, los graves problemas son: La educación, la pobreza, la exclusión social; y sobre todo la violencia. Por ejemplo: en los medios de comunicación como el internet, la televisión, y la prensa escrita; también tenemos la violencia en las calles, como el pandillaje, y peor aún, los secuestros.

Por eso, es necesario implementar y reformar los programas educativos, por un lado, un plan nacional de seguridad; y los programas sociales, que son importantísimos para que la población se sienta motivada

Finalmente, sigo sosteniendo que El Perú, mi Perú, y el Perú de todos, es un país maravilloso, y no lo abandonaría por nada de éste mundo, aunque hoy nos encontremos frente a un dilema electoral que ha desmotivado a gran parte de la sociedad civil. Pero toda turbulencia o tempestad termina siempre por acabar.

No dudemos más en difundir la grandeza de nuestra tierra, con campañas como la Marca Perú y también con nuestros logros personales que sigan dejando al Perú “arriba siempre arriba; hasta las estrellas”, como lo hubiera querido el inmortal Jorge Chávez Dartnell.











miércoles, 4 de mayo de 2011

EL PALAIS CONCERT CORRE EL RIESGO DE SER CONVERTIDO EN TIENDAS RIPLEY





El Perú es Lima, Lima es el jirón de la Unión, El jirón de la Unión es el Palais Concert; y el Palais Concert soy yo...fue la frase más célebre que se le adjudicó al escritor Abraham Valdelomar al referirse a ésta antigua confitería-café que funcionó desde el 29 de febrero de 1913, y que se caracterizó por un estilo afrancesado, muy "Art noveau" y "Liberty" italiano para la época y que fue el gran punto de encuentro de la clase intelectual limeña. Personajes como Valdelomar, César Vallejo, José Carlos Mariátegui, Percy Gibson, entre otros; se encargaron de consolidar el prestigio del bar, con sus interesantes tertulias literarias. Pues fue allí, donde nació el grupo "Colónida", iconoclasta por antonomasia y liderado por el inefable "Conde de Lemos", así firmaba Abraham Valdelomar sus artículos en La Prensa.

Dios salve a los que, por más que se encuentren en distintas vidas y dimensiones, llegaron a apreciar ese ambiente mágico y elegante. A los que pudieron escuchar esa fascinante música de cámara interpretada desde lo alto de sus balcones enchapados en pan de oro, por bellas señoritas vienesas. A los que degustaron esas famosas tartaletas de pecanas y los primeros helados de la cuidad, al igual que los exquisitos y aromáticos cafés de máquina. A los que expectaron los primeros cortos de cine mudo y las primeras puestas de teatro de variedades. Así era el famoso Palais Concert.

Pero todo ello desapareció; y solo quedó en el recuerdo de los que aún apostamos por la historia, por el arte, la cultura y la sensualidad. Esa misma que nos estimula para apreciar lo bello y lo artístico, y que nos hace más sensibles e idealistas para poder ver el mundo desde otra perspectiva más sublime y optimista.

Pues, desde hace una década el Palais terminó en manos de comerciantes que lo reabrieron para ofrecer días y noches de discotecas chicha-reggae de mala muerte. Cuyos nombres "Cerebro" y "700" hacen rememorar a esos asiduos borrachos e incultos que terminaron por cansarse de sus instalaciones para sumergirse quizá en otras tradicionales y malolientes cantinas. Lo cual influyó para su cierre definitivo.

Pero lo más insólito está sucediendo a vista de todos los limeños. La empresa chilena Ripley, a horas de la madrugada, se encuentra demoliendo por ahora sus interiores para poder reabrir las instalaciones para una tienda por departamentos. Sin licencias, ni permisos.

Donde están el Ministerio de Cultura y la alcaldesa Villarán, para impedir la destrucción de un importante patrimonio histórico y arquitectónico como lo es el Palais, pues si muchos no lo saben, fue construido por el notable arquitecto Gustave Eiffel.



La Casa Barragán, nombre puesto por los verdaderos propietarios del predio, lugar de sede del antiguo Palais Concert, es actualmente reconocida por el INC, hoy manejado por el Ministerio de Cultura, como Patrimonio Cultural Inmueble Republicano, según R.S. Nª 2900 con fecha 23/01/1973.



¿Qué pensaría Valdelomar si regresara de la eternidad?

martes, 26 de abril de 2011

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ Y UNA AMISTAD BIZARRA



Me encontré con esta crónica en ciudad seva. El autor portorriqueño narra su inesperado encuentro con Gabriel García Márquez en Cuba, y la verdad que los sucesos narrados se nos demuestran reveladores. Pero, cuando Luis López evoca la anécdota del encuentro en París entre Cortázar y García Márquez; me crea confusión, porque entonces se me vino a la mente ese día primaveral de 1957, en las inmediaciones del bulevar Saint Michel en París. Un joven García Márquez se encontró a lo lejos con Ernest Hemingway, y se dispuso hablarle, pero algo lo impidió. Quizá su implacable timidez sólo le permitió gritarle a voces: “Maeeeestro”, a lo que el curtido autor norteamericano atinó a responder, gritando en idioma castellano con una voz pueril: “Adioooós, amigo”. A partir de allí, el joven periodista colombiano de tan sólo veintiocho años, ya podía morirse tranquilo.



"Crónica de una amistad condenada"

Por Luis López Nieves


A Gabriel García Márquez lo conocí en una librería de Cuba en el 1979. Tan pronto entré por la puerta lo vi al fondo, curioseando en el anaquel de novelas de caballerías. Mi primer impulso fue acercarme a saludarlo, pero en esa época yo no sabía hablar con gente famosa. Además, recordé una anécdota del propio García Márquez: cuando joven observó a Julio Cortázar en un café de París, pero no se atrevió a hablarle. También recordé haber leído que a García Márquez le gustaba Cuba porque caminaba por las calles sin que le pidieran autógrafos ni lo molestaran. Por tanto, observé durante unos minutos el famoso bigote, el pelo rizado, la guayabera... y me di por satisfecho. Me fui a curiosear al anaquel de novelas francesas.

Transcurrió más de una hora. Feliz porque había encontrado novelas de Hugo y Daudet, le pregunté al cajero dónde estaban las novelas egipcias. García Márquez se volteó de pronto y me miró fijamente, sin disimulo.

-¿Autor? -preguntó el cajero.

-¿Tienes la novela ‘El espejismo’, de Mahfuz? -contesté.

Al escucharme por segunda vez, García Márquez, con cuatro novelas de caballerías en las manos, vino hacia mí y me preguntó:

-¿Tu acento es puertorriqueño?

-Sí.

-Ah, qué suerte. ¿Tienes unos minutos?

-Claro -contesté.

-Tu país me apabulla -dijo García Márquez irritado, en voz baja-. ¿Sabes quién soy?

-Por supuesto, ‘Cien años de soledad’ me gustó bastante.

-Gracias -dijo-, pero ése es el problema. Quiero asombrar a los lectores, dejarlos con la boca abierta. ¿Entiendes? He tenido cierto éxito. Los críticos le han puesto nombre a lo que hago: realismo mágico. Pero ustedes me dejan pequeño. Mis libros nunca se venderán en Puerto Rico.

-Se venden bien... -intenté aclarar.

-No, no podrán venderse bien -me interrumpió- porque nada sorprende a un puertorriqueño. Hace unos meses leí una historia de tu país. Decía que en el 1898 ustedes recibieron a los gringos con aplausos y limonadas. Es obvio que los historiadores de Puerto Rico inventaron el realismo mágico mucho antes que yo. Me han invitado a dar conferencias en San Juan, pero ¿cómo puedo asombrar a un público boricua?

-Tal vez puedo ayudarte.

-¿Cómo? Los historiadores se han inventado una mentira insuperable. ¿Qué país recibe con limonadas a un invasor?

-Ahora mismo no se me ocurre nada, pero déjame pensar -dije.

Intercambiamos direcciones y números de teléfonos, nos dimos la mano y nos despedimos. Ese día comenzó una larga amistad.

*****

Cuatro años después, en el 1983, publiqué mi cuento ‘Seva’. Se lo envié a García Márquez con una nota: “Aclarada científicamente la mentira de los historiadores. Ya los puertorriqueños no se creen el cuento de que recibimos a los invasores con limonadas. Puedes venir a dar conferencias”.

García Márquez me llamó por teléfono unos días después. Con voz ansiosa, me dijo que le urgía hablarme en persona. Dos semanas más tarde nos reunimos en Madrid, en la Casa del Libro, frente al anaquel de novelas bizantinas. Nos fuimos a un café de la Gran Vía:

-Gracias, Luis, tu libro me ayudó mucho -dijo García Márquez, nervioso-. Pero he hablado con unos puertorriqueños en Barcelona. Me han contado sobre una alcaldesa de San Juan que compró varios aviones llenos de nieve en Estados Unidos. Luego la tiró sobre los niñitos que esperaban en un parque de San Juan. Lloraron mucho porque el calor derritió la nieve mientras descendía y recibieron un descomunal baño de agua. El parque se convirtió en un lodazal. ¿Es posible esta locura en un país tropical?

-Ocurrió -admití avergonzado.

-Entonces ¿cómo quieres que visite Puerto Rico? El año pasado me dieron el Premio Nobel, ¿lo sabías?

-Por supuesto. Salió en todos los periódicos.

-Ahora esperan más de mí, ¿comprendes? Te agradezco que hayas escrito ese libro para ayudarme, pero ¿cómo puedo superar a esa alcaldesa? En el resto del mundo mis libros asombran, pero en Puerto Rico se burlarían de mí.

Guardé silencio porque García Márquez estaba muy alterado. Le compré un chocolate con churros y cambié el tema. Dos horas después, nos despedimos.

*****

La última vez que me reuní con García Márquez fue en el 2005. Desde México envió su avión privado para recogerme en San Juan. Al otro día tomábamos tequila en un restaurante mexicano.

-Luis -me dijo-, no te escribiré ni te llamaré más. No tendré nada que ver con Puerto Rico. Quise decírtelo en persona.

-¿Por qué? -exclamé adolorido.

-Me siguen llegando invitaciones de tu país. Cada una es una puñalada. Dime la verdad, sin eufemismos: ¿es cierto lo de un tal Rosselló?

-¿A qué te refieres? -pregunté abrumado.

-¿Es cierto que fue gobernador durante ocho años y que transformó el gobierno en una máquina de robar? ¿Es verdad que la mitad de su gabinete está preso, al igual que decenas de ayudantes, amigos y funcionarios de todas las categorías? ¿Es cierto que todos robaban?

-Es cierto -dije en voz muy baja.

-Entonces ¿cómo es que lo postularon nuevamente para gobernador y sólo perdió por dos mil votos? -exclamó alterado.

-No sé qué decirte -bajé la cabeza.

-¡Puerto Rico me desespera, Luis! Me deja impotente. En mi novela ‘El otoño del patriarca’ pensé que había descrito a un dictador excéntrico, narcisista, loco e insuperable... pero este señor me deja pequeñito, me ridiculiza frente a tu país. ¿Es cierto que se ha proclamado El Mesías?

-Es cierto, Gabo, pero en Puerto Rico tenemos varios mesías.

-¿Varios? ¿Varios?

Irritado, con los ojos enrojecidos, García Márquez se puso de pie y golpeó la mesa con el puño.

-Basta! -exclamó-. Te aprecio, Luis, has sido un buen amigo, pero ya no tendré nada que ver con Puerto Rico. Ustedes humillan mi literatura. Desde hoy en adelante tu patria no existe para mí.

El gran escritor se fue sin darme la mano. Nunca volvió a llamarme por teléfono ni a escribirme.

Hoy recuerdo nuestras largas conversaciones sobre literatura francesa y novelas de caballerías con nostalgia dolorosa. A veces tengo la esperanza de que mi famoso ex amigo recapacite y vuelva a llamarme por teléfono o a enviarme su avión privado para reunirnos en Madrid, París, Bogotá o México, como en los buenos tiempos. Pero cada vez que abro un periódico de mi país reconozco la dura realidad de que mi amistad con Gabriel García Márquez nació condenada.





jueves, 31 de marzo de 2011

MARILYN... Y EL ULISES DE JOYCE?

Aunque no lo crean es real...la hermosa y eterna bomba sexy, Marilyn Monroe se encuentra en la imagen leyendo nada menos que el Ulises de James Joyce, obra que a lo largo de muchas décadas ha sabido doblegar a los más feroces lectores, a causa de su inacabable complejidad literaria. Pero a la hermosa Marilyn, al parecer no le importó tremendo reto, allí sentada cerca a la playa de Long Island en 1954, en lugar de ir a caminar por las orillas para lucir su atrevido bañador, se aventuró a explorar según lo que muestra en la imagen, uno de los últimos capítulos en que Molly Bloom, a la espera de la llegada de Leopold su marido, empieza a destilar sus deseos impuros al mejor estilo del "monólogo interior".

Pero, realmente sabrá lo que está leyendo? creo que debemos darle el benficio de la duda, pues precisamente en esa época ya estaba en amoríos con Arthur Miller, el cual fue introduciendola en el ambiente intelectual y literario de Nueva York. Por lo tanto, la hermosa rubia tendría que estar al nivel de su nuevo círculo. Pero, por qué Ulises? Yo le habría recomendado que empiece con las "Memorias de una Pulga" que estaba más acorde a sus secretas perversiones...pero en fin, a Marilyn se le podía soportar todo, no solo por su gran belleza, pues su niñez fue más cruda que el peor "realismo sucio" de la más negra literatura...!

lunes, 28 de febrero de 2011

MARTÍN ADÁN, EL ETERNO POETA


Barranco en Óleo de Enrique Polanco

Rafael de la Fuente Benavides (1908-1985) cogió el seudónimo de Martin Adán cuando José Carlos Mariátegui le encomendó escribir sus primeras coplas para la revista Amauta. Su inclinación por la poesía fue temprana, desde los años escolares en el colegio Alemán. La vida de Adán fue algo así como una novela que cumple con todas las condiciones para poder atrapar a los lectores, provista de drama, alcohol, aventuras, bohemia, entre otros componentes antagónicos. Mas que azarosa, fue peculiarmente libre y anti convencional, y siempre se encargó de guardar distancia con los extraños para que no especulen sobre su vida, esa era la enérgica repuesta que daba a todos los que creían que su poesía guardaba relación con pasajes de su vida; tal vez por eso trató de no plasmar luego en los versos, pasajes concretos. A diferencia de su novela La casa de Cartón (1928). Recuerdo que la primera vez que la leí en el colegio, era un librillo con tapa color azul editado por Peisa y Mejía Baca. Me pareció rarísima, y casi no la entendí, pero creo que surgió cierta química con el chico que me contaba todo sobre Barranco.

La poesía de Adán aparentemente revela un mea culpa existencial, por su sensibilidad en los temas meramente humanos, pero más allá de eso, se interna con absoluta genialidad hacia la belleza del lenguaje poético. Escrita en principio al estilo barroco, nos invita a lidiar con las palabras algo inasequibles, pero posteriormente su poesía cobra mayor comprensión. Y si algo debe quedar en claro; es que hoy existen notables poetas con una vasta obra, pero han perdido el culto hacía la ontología, y no se desligan de esa poesía descriptiva que solo ve el horizonte. A diferencia de Adán y Vallejo que supieron rendir tributo al Ser (onthos). De igual forma, el poeta se preocupó de centrar la atención de sus lectores únicamente hacia sus textos, con la condición de no vincularlos con él. Pues no paró de proclamarse como un gramático, y en 1981 declaró: “escribo despierto con plena lucidez, atento a la gramática”, pero tenazmente continuaba la pregunta entre el vinculo de su poesía con sus vivencias, a lo que respondió con contundencia: “Ninguna. La vida se me impone, la poesía la elijo”.

Por otro lado, existe la leyenda del personaje que andaba ferozmente ebrio, de bar en bar en el centro de Lima, con imagen desaliñada, y que escribía sus versos en las servilletas de papel, antes de regresar al hospital Larco Herrera donde fue huésped por muchos años debido a sus síndromes depresivos. Sin duda lo marcó la pérdida de su padre a tempana edad (7 años) quedando al cuidado de su inflexible tía Tarcila en el barrio de Barranco y Lima.

No obstante, lo poco que conocemos del poeta se debe a breves testimonios de algunos personajes que compartieron tertulias y momentos comunes, y existen pocas biografías serias, a excepción de las de Estuardo Núñez en la revista Letras Peruanas en 1951, y la de José Antonio Bravo en 1987.

Adán, gran representante de la literatura innovadora y vanguardista latinoamericana, cayó enfermo en el año 1984, y tras una intervención quirúrgica en el Hospital Arzobispo Loayza por problemas renales, lo trasladan al albergue Canevaro muy cerca del Paseo de Aguas en el Rímac. Pero el 29 de enero de 1985, retorna al hospital Loayza para otra intervención, y deja de existir, luego de un insano abandono, para partir hacia la eternidad y unirse en compañía a sus cofrades Vallejo, Arguedas, y Valdelomar.




sábado, 15 de enero de 2011

LA BATALLA DE MIRAFLORES



Reducto Nº 1 de Miraflores en 1881


Miraflores es un barrio bien, que alberga a ciudadanos creativos y exigentes con sus autoridades, y afortunadamente, esas mismas autoridades se ponen al servicio de ellos para poder brindarles hermosos parques, lindas fuentes de agua, y zonas comerciales, turísticas y recreativas que hoy son el deleite de vecinos limeños que vienen de diferentes distritos. Deberíamos preguntarnos entonces; ¿Miraflores siempre fue así?

Por supuesto que sí. En el siglo XIX, Miraflores ostentaba ya su lindo barrio en el que vivían connotados ciudadanos ilustres, entre académicos, doctores, intelectuales y algunos diplomáticos. Pero lo que ocurrió el 15 de enero de 1881, fue el suceso más funesto y sangriento de la historia del distrito. Se trata de “La batalla de Miraflores” que en el marco de la guerra del pacifico, se volvían a enfrentar peruanos y chilenos, luego de la derrota de la batalla de San Juan.

Así empezó, alrededor de las 14.30 horas; y en el colmo de la deslealtad e incumplimiento de los acuerdos, un día antes, el 14 de enero, las comandancias de ambos países acordaron negociar un armisticio, para dar cese a toda la sangre derramada anteriormente en San Juan, pero inesperadamente las tropas del general Manuel Baquedano seguirían avanzando para estar preparados ante una eventual batalla. Se dice también que el traidor fue el dictador Nicolás de Piérola, quien era presidente en esos momentos; y aceptó el pedido de tregua de parte de los chilenos para poder darles tiempo, pues la mayoría de las tropas chilenas estaban en sus jolgorios emborrachándose e invadiendo y quemando rancherías y abusando de las mujeres, lo cual los mantenía desunidos y dispersos para poder enfrentar algún ataque. Es allí donde el coronel Andrés A. Cáceres ve oportuno atacar con su batallón de dos mil hombres al desperdigado y ebrio ejército chileno, con el propósito de acabarlos y así ganar la guerra; pero infortunada fue la sorpresa, cuando Cáceres solicitó el permiso para el ataque al dictador Piérola, el cual se lo negó rotundamente, alegando que le había dado su palabra al general Baquedano de no atacar. Naturalmente, luego los chilenos se recuperaron y se olvidaron de la tregua y así empezó el ataque en medio de una confusión de disparos entre ambos bandos.

Según el testimonio de un soldado chileno Justo Abel Rosales el 14 de enero de 1881, narra lo siguiente:

Se corrió en el día la noticia de que el General Baquedano había mandado un parlamentario a Piérola, intimando la rendición de Lima. Cuando todos creíamos que pronto saborearíamos los buenos frutos de la paz, llega el Comandante Bustamante…diciéndoles que íbamos a marchar camino a Lima, donde era preciso pelear hasta vencer o morir. Por eso supimos que la paz solo había sido un sueño…Con el nuevo día vimos que nos habíamos acampado a una cuadra del pueblo de Barrancas. Desde temprano los soldados de todos los cuerpos inundaron el pueblo completamente deshabitado, y lo saquearon…Se anunció la vuelta del tren que había pasado a Chorrillos. Ignorábamos el resultado de las conferencias habidas con el General en Jefe. Detrás del tren desfiló inmediatamente la artillería y este hecho me hizo suponer que no habrá paz.





Chile era superior en artillería y en soldados, pues contaba con 12,000 a 13,000 efectivos, 80 cañones y 8 ametralladoras, además del apoyo de los buques navales Blanco Encalada, Huáscar (despojado a los peruanos) y el Cochrane, listos para el bombardeo desde las costas limeñas. A diferencia de los 6,000 efectivos peruanos, más 6,000 en calidad de reserva, 19 cañones y 8 ametralladoras, organizados en 9 Reductos, los cuales se organizaron en tres sectores: Andrés A Cáceres al mando de la derecha, Belisario Suarez al centro y justo Pastor Dávila en la izquierda, en la batalla solo entrarían en combate los sectores derecho y centro al mando del Coronel Cáceres y Suarez.

Luego de algunas horas alrededor de las 19.00, se produjo la derrota en los reductos de Miraflores, pero los civiles peruanos valerosamente se atrincheraron en sus casas armando barricadas impidiendo el paso chileno, incluso con minas que iban explotando logrando algunas bajas chilenas, pero ya nada se pudo hacer. Miraflores al igual que Barranco y Chorrillos fue incendiado y saqueado por la tropa chilena, y los heridos peruanos fueron “repasados”. El traidor de Piérola luego de su inacción al disolver en plena batalla al ejército peruano, enviándolos a internar sus fusiles en el cuartel Santa Catalina, no tuvo más remedio que replegarse hacia Lima, para luego huir hacia la Sierra. Inexplicablemente hoy en la ciudad capitalina existen calles y avenidas que llevan su indigno nombre.

No obstante, la colonia italiana defendió con su vida la defensa de Miraflores, al igual que muchos ciudadanos y profesionales miraflorinos, incluso, muchos jóvenes estudiantes voluntariamente integraron la cruel lucha para defender valerosamente su patria.

Por eso, estimado lector, en el momento en que usted transite por las arterias de Lima, cerca a Larcomar, al hotel Marriot o alrededores, no dude en respirar profundo y recuerde que alguna vez allí, hace más de un siglo cientos de héroes civiles ofrendaron su vida por Miraflores y más aún por su país.

Entonces, impertinentemente hoy me atrevo a preguntar a los que se amanecen en Gótica, en los bares cubanos, en la calle de las pizzas, en los Casinos. A los Skater del malecón, a los bikers, a los surfers de la bahía, a los del parque Kennedy, a los exquisitos comensales de los restaurantes gourmet, a los que paran en el Haití, etc. ¿Se atreverían a defender Miraflores o su país, con su propia vida en caso de un conflicto bélico? Creo que la respuesta la tienen los sociólogos y antropólogos…