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martes, 6 de noviembre de 2012

VIAJE DE IDA DE FERNANDO AMPUERO






El último miércoles 31 de octubre, Fernando Ampuero presentó en la 33° Feria del Libro Ricardo Palma de Miraflores su último libro “Viaje de Ida”, editado por la reciente Lápix Editores.
Y si bien, muchos recodamos su bien logrado libro de crónicas “Gato Encerrado”, que por cierto algunas facultades de comunicación y periodismo exigen a sus estudiantes como lectura obligatoria, “Viaje de Ida” no es precisamente un libro de crónicas, ni mucho menos su continuación, pues él va más allá de eso, según las impresiones del propio autor, que confesó en plena presentación que los textos prácticamente le fueron arrancados de su baúl, por su amigo Eduardo Lores que además de Patricia del Rio, ocupó la mesa del lanzamiento.
“Esto es un exceso, porque creo que ya no pensaba publicar más, luego del Peruano imperfecto, La Antología personal, y la reciente publicación en Chile de La trilogía callejera de Lima” dijo en tono hilarante a los asistentes, que en realidad es un libro de impresiones, reflexiones, pequeños ensayos, y notas curiosas.
En un dialogo divertido se regodeaba con  Patricia, su otrora subordinada en la época que él dirigía la revista Somos del diario El Comercio,  y que siempre le exigía a ella: “las notas o textos van con foto, sino no sirven”. Aclarando luego, que solo seguía la escuela de “Caretas”, precisamente en presencia de un Enrique Zileri atento entre el público en la primera fila. O la vez que el poeta Rodolfo Hinostroza inmortalizó la frase: “No es lo mismo un desnudo griego, que un cholo calato”,  así, ente risas en el Salón de Actos de la Municipalidad miraflorina Ampuero sedujo con sus historias orales, que de seguro ha sabido plasmar en este ultimo titulo, que quizá nos devele a un autor más libre consigo mismo y con sus lectores, con el único afán de ejercer un oficio literario, mostrando únicamente detalles humanos y existenciales de otros escritores o iconos que fueron bendecidos en algún momento por la fama. 
Finalmente, al terminar la presentación, en un breve dialogo que entablamos en el brindis de rigor, me confió que su viaje de ida todavía continua, pero que es poco probable que emprenda un viaje de vuelta.



martes, 26 de abril de 2011

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ Y UNA AMISTAD BIZARRA



Me encontré con esta crónica en ciudad seva. El autor portorriqueño narra su inesperado encuentro con Gabriel García Márquez en Cuba, y la verdad que los sucesos narrados se nos demuestran reveladores. Pero, cuando Luis López evoca la anécdota del encuentro en París entre Cortázar y García Márquez; me crea confusión, porque entonces se me vino a la mente ese día primaveral de 1957, en las inmediaciones del bulevar Saint Michel en París. Un joven García Márquez se encontró a lo lejos con Ernest Hemingway, y se dispuso hablarle, pero algo lo impidió. Quizá su implacable timidez sólo le permitió gritarle a voces: “Maeeeestro”, a lo que el curtido autor norteamericano atinó a responder, gritando en idioma castellano con una voz pueril: “Adioooós, amigo”. A partir de allí, el joven periodista colombiano de tan sólo veintiocho años, ya podía morirse tranquilo.



"Crónica de una amistad condenada"

Por Luis López Nieves


A Gabriel García Márquez lo conocí en una librería de Cuba en el 1979. Tan pronto entré por la puerta lo vi al fondo, curioseando en el anaquel de novelas de caballerías. Mi primer impulso fue acercarme a saludarlo, pero en esa época yo no sabía hablar con gente famosa. Además, recordé una anécdota del propio García Márquez: cuando joven observó a Julio Cortázar en un café de París, pero no se atrevió a hablarle. También recordé haber leído que a García Márquez le gustaba Cuba porque caminaba por las calles sin que le pidieran autógrafos ni lo molestaran. Por tanto, observé durante unos minutos el famoso bigote, el pelo rizado, la guayabera... y me di por satisfecho. Me fui a curiosear al anaquel de novelas francesas.

Transcurrió más de una hora. Feliz porque había encontrado novelas de Hugo y Daudet, le pregunté al cajero dónde estaban las novelas egipcias. García Márquez se volteó de pronto y me miró fijamente, sin disimulo.

-¿Autor? -preguntó el cajero.

-¿Tienes la novela ‘El espejismo’, de Mahfuz? -contesté.

Al escucharme por segunda vez, García Márquez, con cuatro novelas de caballerías en las manos, vino hacia mí y me preguntó:

-¿Tu acento es puertorriqueño?

-Sí.

-Ah, qué suerte. ¿Tienes unos minutos?

-Claro -contesté.

-Tu país me apabulla -dijo García Márquez irritado, en voz baja-. ¿Sabes quién soy?

-Por supuesto, ‘Cien años de soledad’ me gustó bastante.

-Gracias -dijo-, pero ése es el problema. Quiero asombrar a los lectores, dejarlos con la boca abierta. ¿Entiendes? He tenido cierto éxito. Los críticos le han puesto nombre a lo que hago: realismo mágico. Pero ustedes me dejan pequeño. Mis libros nunca se venderán en Puerto Rico.

-Se venden bien... -intenté aclarar.

-No, no podrán venderse bien -me interrumpió- porque nada sorprende a un puertorriqueño. Hace unos meses leí una historia de tu país. Decía que en el 1898 ustedes recibieron a los gringos con aplausos y limonadas. Es obvio que los historiadores de Puerto Rico inventaron el realismo mágico mucho antes que yo. Me han invitado a dar conferencias en San Juan, pero ¿cómo puedo asombrar a un público boricua?

-Tal vez puedo ayudarte.

-¿Cómo? Los historiadores se han inventado una mentira insuperable. ¿Qué país recibe con limonadas a un invasor?

-Ahora mismo no se me ocurre nada, pero déjame pensar -dije.

Intercambiamos direcciones y números de teléfonos, nos dimos la mano y nos despedimos. Ese día comenzó una larga amistad.

*****

Cuatro años después, en el 1983, publiqué mi cuento ‘Seva’. Se lo envié a García Márquez con una nota: “Aclarada científicamente la mentira de los historiadores. Ya los puertorriqueños no se creen el cuento de que recibimos a los invasores con limonadas. Puedes venir a dar conferencias”.

García Márquez me llamó por teléfono unos días después. Con voz ansiosa, me dijo que le urgía hablarme en persona. Dos semanas más tarde nos reunimos en Madrid, en la Casa del Libro, frente al anaquel de novelas bizantinas. Nos fuimos a un café de la Gran Vía:

-Gracias, Luis, tu libro me ayudó mucho -dijo García Márquez, nervioso-. Pero he hablado con unos puertorriqueños en Barcelona. Me han contado sobre una alcaldesa de San Juan que compró varios aviones llenos de nieve en Estados Unidos. Luego la tiró sobre los niñitos que esperaban en un parque de San Juan. Lloraron mucho porque el calor derritió la nieve mientras descendía y recibieron un descomunal baño de agua. El parque se convirtió en un lodazal. ¿Es posible esta locura en un país tropical?

-Ocurrió -admití avergonzado.

-Entonces ¿cómo quieres que visite Puerto Rico? El año pasado me dieron el Premio Nobel, ¿lo sabías?

-Por supuesto. Salió en todos los periódicos.

-Ahora esperan más de mí, ¿comprendes? Te agradezco que hayas escrito ese libro para ayudarme, pero ¿cómo puedo superar a esa alcaldesa? En el resto del mundo mis libros asombran, pero en Puerto Rico se burlarían de mí.

Guardé silencio porque García Márquez estaba muy alterado. Le compré un chocolate con churros y cambié el tema. Dos horas después, nos despedimos.

*****

La última vez que me reuní con García Márquez fue en el 2005. Desde México envió su avión privado para recogerme en San Juan. Al otro día tomábamos tequila en un restaurante mexicano.

-Luis -me dijo-, no te escribiré ni te llamaré más. No tendré nada que ver con Puerto Rico. Quise decírtelo en persona.

-¿Por qué? -exclamé adolorido.

-Me siguen llegando invitaciones de tu país. Cada una es una puñalada. Dime la verdad, sin eufemismos: ¿es cierto lo de un tal Rosselló?

-¿A qué te refieres? -pregunté abrumado.

-¿Es cierto que fue gobernador durante ocho años y que transformó el gobierno en una máquina de robar? ¿Es verdad que la mitad de su gabinete está preso, al igual que decenas de ayudantes, amigos y funcionarios de todas las categorías? ¿Es cierto que todos robaban?

-Es cierto -dije en voz muy baja.

-Entonces ¿cómo es que lo postularon nuevamente para gobernador y sólo perdió por dos mil votos? -exclamó alterado.

-No sé qué decirte -bajé la cabeza.

-¡Puerto Rico me desespera, Luis! Me deja impotente. En mi novela ‘El otoño del patriarca’ pensé que había descrito a un dictador excéntrico, narcisista, loco e insuperable... pero este señor me deja pequeñito, me ridiculiza frente a tu país. ¿Es cierto que se ha proclamado El Mesías?

-Es cierto, Gabo, pero en Puerto Rico tenemos varios mesías.

-¿Varios? ¿Varios?

Irritado, con los ojos enrojecidos, García Márquez se puso de pie y golpeó la mesa con el puño.

-Basta! -exclamó-. Te aprecio, Luis, has sido un buen amigo, pero ya no tendré nada que ver con Puerto Rico. Ustedes humillan mi literatura. Desde hoy en adelante tu patria no existe para mí.

El gran escritor se fue sin darme la mano. Nunca volvió a llamarme por teléfono ni a escribirme.

Hoy recuerdo nuestras largas conversaciones sobre literatura francesa y novelas de caballerías con nostalgia dolorosa. A veces tengo la esperanza de que mi famoso ex amigo recapacite y vuelva a llamarme por teléfono o a enviarme su avión privado para reunirnos en Madrid, París, Bogotá o México, como en los buenos tiempos. Pero cada vez que abro un periódico de mi país reconozco la dura realidad de que mi amistad con Gabriel García Márquez nació condenada.





sábado, 17 de julio de 2010

DE MUNDIALES...LOS DE ANTES






Después de haber disfrutado un buen chifa, fuimos volando a casa para ver la final de la copa mundial de Sudáfrica. Solamente Stefano y yo, echados en mi “matrimonial” vimos como una España pretensiosa, alimentaba la maldición que perseguía a Holanda (la de llegar tres veces a una final, sin lograr el título), para así poder llevarse la copa a tierras chapetonas. En realidad, Stefano gozaba del partido frente a mi moderno LCD. Pero yo pensaba… “qué cojudez”. Partidos fueron los que yo gocé viéndolos en Argentina 78 y en España 82, en esa época, los que teníamos televisor éramos los “bacanes” del barrio, y las calles se convertían en pueblos fantasmas a la hora que se emitían los partidos de nuestra selección bicolor. Recuerdo que el tío Julián organizaba entre sus “patas”, entre ellos “el chupacalato” (le decía así porque siempre “chupaba” gratis) la reunión previa al partido, preparando el poderoso cebiche de bonito, acompañado de la infaltable “Pilsen callao”. Allí se daba rienda suelta a toda clase de expresiones; desde gritos eufóricos con mentadas de madre, hasta ataques de carcajadas. Pues, no era para menos, la selección de aquellos tiempos sí que le “paraba el macho” al favorito. Claro que, algunas veces el “no pasa nada” de Martínez Morosini nos caía “chinche”, y muchos pensábamos que era un “salado”; por eso mejor preferíamos el “ya vienen los goles de Cubillas” del buen Pocho.
Felizmente, frente a mi casa existía una sala de cine, y además de estreno; y en pleno mundial de España se proyectaban algunos partidos favoritos. Además ya había llegado la televisión a color en el Perú, y casi ninguno de nuestros padres aún podía adquirir un televisor de esos. Pero cerca de mi casa nos íbamos a “la Totorita”, que era una “barriada” muy temida por la cantidad de “choros” que la habitaban. Pues allí, en una casa a medio construir, tenían un Sony Trinitron a color de 21 pulgadas, que nos bendecía a todos los que pagábamos por ver los partidos de la selección. Después continuábamos con la fiebre mundialista, al intercambiar los cromos (figuritas), que juntábamos entre la mancha, pues era la editorial Navarrete, quién nos tenia al día con sus famosos álbumes. Yo por ejemplo, intercambiaba a los hermanos Van de kerkhof por Mario kempes, y buscaba a Muñante y a Velasquez, por Michel Platini o Paolo Rossi. Otros tenían 5 Zicos, 4 Rivelinos, y muchos Cuetos.
Mundiales hubo y mundiales vendrán, pero lo que no se puede negar es que nuestra actual juventud, cada vez vibra con menor intensidad a la hora de ver un partido de fútbol mundialista. Pues, quizá el mejor partido para ellos, será jugarlo en las redes sociales como el facebook, o el hi5, o los juegos en línea. No obstante, el hecho de que nuestra selección no pueda siquiera aspirar a participar en algún mundial, tiene mucho que ver.
Por ello, los adolescentes de hoy, por más que se sientan soberbios de dirigir virtualmente a Messi, Ronaldinho, o al propio Beckham, en el Winning Eleven del PSP (PlayStation Portable), nunca experimentarán lo que fue saborear en cofradía la fiebre del mundial, con sus desdichas y alegrías, a tal punto de vivir en un mundo paralelo de ilusiones, que en muchos casos marcó nuevas personalidades, y en otros, ¿por qué no decirlo?; ciertas frustraciones.