Caballero de porte gallardo, locuaz
asomas agudo al encuentro fugaz
sin saberlo fuiste autor de algún bastardo
Caminas por los pasillos púrpura
al encuentro de lentejuelas que acaban
esparcidas en el caliente asfalto
Al saberte hallado ¿acaso asentiste
a los ojos de niño ?
inocentes sonrisas que se desdibujaron
sin poder conocer el jardín de casa
el dulce algodón de la feria
el boleto de la tómbola dominical
¿Acaso tu calor no se extinguió?
apenas sirvió de cobija ajena
en el arbitrio de lo ficticio
lejos del tiempo y el espacio
el olvido se mantuvo calmo
sin perdonar el pasado
caballero de porte borrado
por la omnipotencia, aún
con bigote perfilado.
¿Acaso hallasteis cielos
con cantos de oro?
Piensa por un instante en los
oscuros días del infierno
que borraron tu secuela
tu invisible extirpe
tu anodina imagen
tu reluciente espada roma
que habíais registrado
en una de tus bodas
Nada de aquello perdura
solo la más limpia sonrisa
de aquel rebelde niño
que alguna vez le narró
a su prole su infancia
en Maipú 555
domingo, 31 de marzo de 2013
sábado, 16 de febrero de 2013
DOMINGO MARTÍNEZ LUJÁN, UN POETA RUBENDARIANO DE LA BOHEMIA PERUANA
Un 16 de febrero de hace 80 años partió
hacia la eternidad un poeta, un bohemio, andante infatigable de la anécdota
viva de antaño, de los cafés nocturnos, de las redacciones de oro, de las
crónicas crudas pero liricas que hacían del género una obra maestra. Domingo Martínez
Luján nació un 20 de diciembre de 1875, y murió el 16 de febrero de 1933, a los 57 años.
Desde muy joven escribió en la revista
La Neblina que dirigía por entonces el poeta modernista José Santos Chocano.
Tampoco dejó esperar su admiración por el nuevo periodismo que ejercía José
Carlos Mariátegui, en entrevista que el propio “Amauta” (de tan solo 21 años)
le hiciera para “El Tiempo” el 19 de diciembre de 1916.
“Admiro a toda la juventud. Han traído
ustedes al periodismo un espíritu, una técnica, una manera completamente
nuevas. En mi época se desconocían la espiritualidad y la gracia que ustedes
saben dar a sus artículos. Esas informaciones que no son precisamente
informaciones y que abandonan el suceso actualista para buscar el aspecto
permanente de las cosas, tienen una originalidad y una belleza enormes”.
Así fueron de talentosos los maestros
de la palabra, personajes despojados de la ambición materialista, y que en su
lugar trazaron el verdadero valor del hombre, basados en la espiritualidad, y
en la belleza de la voz escrita y hablada.
Domingo Martínez Lujan, los hermanos
Ernesto y Federico More, José María Eguren, Adán Felipe Mejía, “EL
Corregidor”, Abraham Valdelomar, o César
Vallejo; han dejado una gran huella como referente obligado para trascender en
la esencia del alma de los que alguna vez pretendimos coger una pluma para trasmitir
una actitud, o un suceso, sea ficticio o real, con poética, o sin ella.
Domingo Martínez Lujan, el poeta
“Rubendariano” de nuestra poética nacional, fue identificado como la
inestabilidad de una frágil barca que va a la deriva, sin rumbo fijo, y sin
destino trazado.
Algo de eso escribió Federico More, en
su paso por las redacciones del diario “La Opinión Nacional”
Entre mil novecientos once y mil
novecientos doce, La Opinión Nacional, el elegante diario de don
Andrés Avelino Aramburú tenía sus oficinas y sus talleres en la calle del
Correo, en la zona que hoy ocupa la sección apartados. Todavía no habían
llegado a esos talleres los linotipos. Entiento que La Prensa y El
Comercio ya los tenían. En La Opinión Nacional, el
chivalete seguía siendo rey. Colaborábamos, regularmente Roberto Badhan,
Abraham Valdelomar, Félix del Valle, yo y quizá alguien más que se me escapa. A
mi cargo estaba la sección "Alrededor de la crónica". Domingo
Martínez Luján era de los visitantes habituales; pero no era, no podía ser,
colaborador regular. ¿Qué regularidad podía esperarse de Domingo? Pocas veces
un hombre ha sido tan dura y trágicamente víctima de los filisteos y de los
fariseos, como el pobre Domingo, quizá el primero de nuestros líricos
románticos; más grande, sin duda, que ese tambor mayor que fue José Santos
Chocano. Pero Chocano era un hombre y un aventurero. Un conocedor de la vida y
todos sus recovecos. Domingo era niño, un colegial con vocación de eremita e
ignoraba completamente las cosas del mundo. El alcohol lo aprisionó
inexorablemente. Y cuando se dio cuenta de que las terribles garras del veneno
ya no iban a soltarlo, se limitó a cantar esa alegre elegía que empieza
diciendo: "mientras lloren las viñas, yo beberé sus lágrimas". Estos
versos salvan a un poeta y consolidan una gloria y una fama. Domingo vivió y
murió como un niño mendigo. Nadie supo lo que el Perú tenía mientras Domingo
vivió. Nadie supo lo que el Perú había perdido cuando murió Domingo. Dejó una
obra trunca y vaga en la que el genio es un relámpago. No le fueron conocidas
la piedad y la ternura. Nadie se las brindó.
(Federico More: Andanzas,
Lima, Editorial
Navarrete, 1989, pág. 52)
BRINDIS
(Poema de Domingo Martínez Luján)
Dame la lira,
esa que es anacreóntica que pasa;
pero que tiene distensión de nervios
que emiten notas que parecen almas;
dame esa lira
que cantar quiero y en mi vaso escancia
el vino rojo que parece sangre
y mientras canto y bebo, bebe y baila.
Venga la musa
a refrescar un cráneo con sus alas;
no la que en medio al popular tumulto
imita a Orfeo si su numen canta,
sino la musa de mirar lascivo,
de seno eréctil y flotante falda
que en el festín de los paganos dioses
aloja el néctar en las copas áureas.
Y viva el vino
que hace soñar con desnudeces de hadas;
con rostros de doncellas que suspiran
por mancebos que mueren sin besarlas;
y viva el vino porque el vino tiene
notas, latidos, pensamientos y alas...
Mientras lloren las viñas,
yo beberé sus lágrimas.
BRINDIS
(Poema de Domingo Martínez Luján)
Dame la lira,
esa que es anacreóntica que pasa;
pero que tiene distensión de nervios
que emiten notas que parecen almas;
dame esa lira
que cantar quiero y en mi vaso escancia
el vino rojo que parece sangre
y mientras canto y bebo, bebe y baila.
Venga la musa
a refrescar un cráneo con sus alas;
no la que en medio al popular tumulto
imita a Orfeo si su numen canta,
sino la musa de mirar lascivo,
de seno eréctil y flotante falda
que en el festín de los paganos dioses
aloja el néctar en las copas áureas.
Y viva el vino
que hace soñar con desnudeces de hadas;
con rostros de doncellas que suspiran
por mancebos que mueren sin besarlas;
y viva el vino porque el vino tiene
notas, latidos, pensamientos y alas...
Mientras lloren las viñas,
yo beberé sus lágrimas.
jueves, 17 de enero de 2013
"CIUDAD JARDÍN" UNA PELÍCULA GALARDONADA LLEGA A LIMA
Un ocho de enero de 1980, un profesor norteamericano, y
amante del surf; Montgomery (Monty) Fisher, se escapó del Penal del Sexto luego
de haber sufrido en prisión, una serie de torturas y maltratos de parte de los
efectivos de la Guardia Republicana y de la Policía de Investigaciones del
Perú.
Han pasado 33 años, y Monty cumplió la promesa que se hizo a sí mismo:
“Prometí que un día contaría la historia acerca de mi
experiencia en una cárcel peruana, y que la estrenaría en pantalla grande. Me
siento bendecido porque nunca me rendí ante la promesa que me hice en Guayaquil
en 1980 mientras huía. “
Hasta aquí, hemos hablado del drama real que tuvo que enfrentar Monty en aquellas épocas inciertas políticamente; pero la historia se ha sostenido en el tiempo, y efectivamente, ha sido llevada a la pantalla grande.
La cinta, de nombre CIUDAD JARDÍN (City of Gardens), es una
producción norteamericana independiente, realizada íntegramente en el Perú, y
cuenta con los actores nacionales Oscar Carrillo, Anahí de Cárdenas, Renzo
Schuller, Gabriel Ledesma, Gustavo Mayer, entre otros. Y entre los actores
norteamericanos, participan John Robinson (actor de Elephant), Alex Meraz
(Crepúsculo), Deborah Kara Unger (Crash), y Grant Bowler (Atlas Shrugged). La
dirección corre por cuenta del realizador Cubano Camilo Vila, en la producción
ejecutiva se encuentra Lucho Llosa; y en la producción general y escritura del
guión original, está el mismo Monty Fisher.
La cinta ha recibido una serie de galardones desde su estreno en Los Ángeles. Fue elegida como Mejor Película, y premio al Mejor Actor John Robinson, en el Festival de cine independiente de Hollywood (Hollywood Reel Film Festival), Premio del Gran Jurado a Mejor Director Camilo Vila en “Houston Worldfest”, y Selección Oficial en “The New York International Latino Film Festival”. Incluso se estrenó en el Marché du Film (mercado de películas) del Festival de Cannes del 2011,
Ciudad Jardín; que hoy por la noche se estrenará en algunas salas limeñas, (nos hace recordar esa famosa película setentera que ganó el Oscar al mejor guión: “Expreso de Medianoche”) nos narra de manera coherente, el calvario de un recluso (Wayne “EL gringo”) que es todo el tiempo vejado por un sistema corrupto e indolente. Desde el inicio del film se aprecia la crueldad del teniente Gutiérrez; pero a su vez, Wayne encuentra destellos de esperanza, al relacionarse con algunos peculiares personajes influenciados por ciertos principios éticos, como el “Hare Krishna” Jorge, y el profesor Jaime Luna. Por su parte, el tema del amor de pareja lo interpreta una Anahí de Cárdenas (con muy pocas intervenciones), que apenas logra despojarse de su ya conocido estereotipo de chica pituca, para fungir de chica desconcertada. Personajes, como “Nicaragua”; el travesti que canta yaravíes lastimeros, la inconmovible funcionaria del consulado norteamericano; y el indefinible coronel Ramos, dotan a la historia una serie de riquezas narrativas.
Con una banda sonora (creada por el prestigioso músico
francés Roger Bellon) que le cae como
anillo al dedo a la historia; la fotografía por su parte excelente; y la
dirección de arte con suma calidad, muestra un ambiente penitenciario
desolador, y las plazas y calles de la Lima ochentera, mezcladas con la Lima
actual, creando una amalgama especial de locaciones verosímiles. Sin duda la
dirección de Vila muestra un trabajo profesional que refleja integridad en su
intención de trasmitir una “lección” dentro de lo sórdido.
Estreno:
Jueves 17 de Enero, hasta el miércoles 23 de Enero de 2013.
Salas:
UVK Larco Mar Sala 3
CineStar Las Américas, Jesús María
CineStar, Breña
Cine Metro SJL
Hora: 8.00 p.m.
Etiquetas:
Camilo Vila.,
Ciudad Jardín,
drama penitenciario,
Montgomery Fisher,
Monty,
Pelicula
sábado, 29 de diciembre de 2012
"En el frío de la noche" relato seleccionado por The Barcelona Review
Gabriel
Rimachi Sialer es un escritor peruano que por el momento parece haber colgado la pluma
por el hecho de dedicarse a tiempo completo a su labor de editor (dirige la
editorial CasaTomada), que lo trae trajinado, preparando nuevas ediciones,
antologías, y en especial su infaltable presencia en las Ferias de Libros.
No
hace mucho acabó de retornar de la FIL, de Guadalajara, para contarnos algunos sucesos de los entretelones literarios del país de norte. Es por eso que Gabo (así le llamamos los
amigos) nos dice que aparte de dedicarse a antologar filudos relatos para
algunas próximas ediciones; de todas maneras volverá a lo suyo, la escritura, aunque
no le quepa algún tiempo, lo hará; pues, es lo que realmente le
hace ingresar a ese mundo onírico, cotidiano, pero también fantástico.
Y, hace unos días recibió la noticia de que un cuento suyo fue designado entre los
mejores relatos del año 2012 para la Revista Internacional de Narrativa Breve
Contemporánea “The Barcelona Review” situación que consolida sus deseos
impostergables de volver a coger la pluma.
A
continuación el cuento seleccionado:
En el frío de la noche
Gabriel Rimachi Sialer
A Mariella Toranzos
Le dijeron que no
podía ser mi novia, que éramos muy chicos y que mi sangre era mala. Le dijeron
también algo que no entendí: que yo llevaba sobre mis espaldas una carga eterna,
que ser hijo de policía no era, definitivamente, nada bueno.
Mariella lloraba por las noches desde que dejamos de vernos. Su padre se encargó de alejarnos definitivamente, me cogió de los pelos y me dijo: no quiero verte nunca más cerca de mi hija, tú no puedes ser bueno, carajo, no puedes. Intenté defenderme agitando los brazos pero él era más fuerte, hasta que todo quedó en silencio.
Mariella y yo teníamos muchos sueños: ella quería ser enfermera y yo soñaba con una tienda enorme, como la que tiene su padre en la esquina de Centenario, pero más grande aún, la tienda más grande de Huamanga. Ahora eso es imposible. Todo es extraño y vacío, ella llora todas las noches desde que regresó de Lima y yo la pienso a cada instante. He intentado enviarle algunas cartas, ver la forma de comunicarme con ella, pedirle que se escape conmigo, que nos vayamos a Arequipa a la casa del Arthur, él nos recibiría gustoso un tiempo, hasta que me dieran mi primer pago por trabajar en la chacra de mandarinas de su padre y poder mudarnos juntos a un cuartito, pero todos mis intentos han sido en vano. La noche en que su padre me llevó de los pelos por la quebrada, la enviaron a Lima, a casa de su tía. Aquella noche ella gritaba que por favor no me hiciera nada, que yo era bueno, que me quería mucho. Pero su papá gritaba más fuerte que yo era hijo de policía, que su hermano –que en paz descanse –se volvería a morir si viera que ella estaba saliendo conmigo. Mi padre nunca me contó nada de eso, y mi madre –que en paz descanse –se fue antes que yo pudiera empezar a extrañarla.
Crecer así no es fácil. En el colegio me insultaban mucho y me molestaban a cada rato. Durante el recreo me iba al fondo del patio a leer un libro de cuentos que me gustaba mucho,Las mil y una noches se llamaba. Sólo así podía olvidarme de tanto problema y evitar que los demás chicos me insultaran.
Todo empezó cuando mi papá salió en una foto en los periódicos, en ella aparecía con la camisa del uniforme manchada de sangre y llevaba la pistola en una mano, pero no alcancé a saber exactamente de qué se trataba porque él me prohibió leerlos. Mi papá no es una persona fácil, últimamente llegaba tarde y apestando a alcohol, gritando lisuras sin sentido para luego encerrarse en su cuarto murmurando que sólo recibía órdenes, pero tampoco sé de quién. No sé quién podría darle órdenes a mi padre. Entonces, luego de que apagara su lámpara, lo oía llorar y decir el nombre de mi mamá, que dónde estaba ahora, que por qué no se lo llevaba con ella. A esas horas el viento es un susurro y hace mucho frío. Las calles están oscuras y algunas veces hasta los perros dejan de ladrar. Ayacucho significa “rincón de los muertos”, tal vez sea verdad y hasta el perro bravo que duerme en el kiosco de los periódicos tenga miedo y se obligue a dormir para no ver nada de lo que, dicen, sucede en la plaza. La profesora Antonia nos contó una vez, hace mucho tiempo, que por las noches salen las almas a pasear para recordar tiempos mejores. No entiendo cómo en medio de esa oscuridad y ese frío se podría recordar algún tiempo mejor, le pregunté una vez a Mariella. Ella me explicó que las almas buscaban algún recuerdo perdido en aquella plaza, y creo –ahora que pienso tanto en todos los momentos que pasamos juntos –que en ese instante me enamoré de ella. Usaba anteojos y tenía su cabello muy negro y bonito, sonreía mucho y le gustaba que le leyera en voz alta. Eso fue cuando nos conocimos hace tres años durante el recreo. Fue la única que me defendió cuando todos empezaron a insultarme y a insultar a mi padre. Luego me fueron aislando de todas las actividades del colegio. Mis notas bajaron terriblemente y con ellas aumentaron las palizas en casa. La profesora Antonia intentaba conversar conmigo pero desarrollé un temor muy grande hacia todo. A veces creo que fui muy cobarde. Sólo Mariella me dio su hombro para apoyar mi cabeza y conversar, contarle de mis sueños y así poco a poco la empecé a querer cada día más. A veces lloraba mucho y ella sólo acariciaba mis cabellos, que son negros como los de ella pero no tan lindos. Me decía que cuando fuéramos más grandes podríamos irnos a algún lugar muy lejos de todo y que seríamos felices. Pero su padre se enteró que salíamos casi todas las tardes de la secundaria a caminar por el cerro, y fue ahí cuando le pegó en la cara y la amenazó con enviarla a Lima si me seguía viendo. Luego las cosas se pusieron más terribles y un día me envió una carta con Sofía, donde me decía que se iba a la capital, que la enviaban a un colegio de monjas y que viviría en casa de su tía. Aquella tarde, con cada una de sus palabras sobre aquel papel que poco a poco iba arrugando entre mis puños, se me ocurrió la idea de escaparnos de una vez. Sofía se asustó al verme así: mudo, con los puños apretando su carta y las mejillas bañadas en lágrimas.
Fue la peor idea que se me pudo ocurrir.
Llegué al atardecer, cuando las sombras desaparecían hasta sumir el campo en una oscuridad invasiva. En la mochila tenía lo necesario para el viaje, poca ropa y algo que tomé de la alacena. Mariella se sorprendió cuando me vio haciéndole señas con la linterna; salió a mi encuentro y me abrazó muy fuerte, estaba llorando y tenía un ojo morado. Me dio mucha pena verla así, tan demacrada y desprotegida, le juré que si escapábamos todo saldría bien, que nunca más nadie le pegaría, que estaría siempre ahí para defenderla. Entonces me besó, suavemente, el beso más tierno y dulce de mi vida. Acaricié sus cabellos, besé sus labios y sus pómulos, sentí la fragancia de su piel tan cerca… ahhh, Mariella, siempre fuiste mi amor. Me dijo que sí, que nos iríamos bien lejos, que me quería con todo su corazón, que lo que había hecho mi padre no tenía nada que ver conmigo, y fue entonces cuando el suyo apareció tras los arbustos y la golpeó en la cara tan fuerte que pensé que se iba a desmayar. Yo salí a defenderla y empecé a golpearlo con rabia, pero él era más grande y de un puñete en el estómago me redujo al instante. Luego sus peones se llevaron a Mariella, que gritaba que no me hiciera nada, que ella me quería.
“Tu padre mató a mi hermano”, me dijo entonces mientras yo me retorcía intentando recuperar el aliento. Sentía que la barriga me ardía y que mis pulmones estaban completamente vacíos, me desesperé. “¡Tu viejo, ese perro policía, traidor del pueblo y del Partido, mató a mi hermano! Ahora arreglaremos cuentas…”
Después recuerdo poco. Dolor intenso, mis costillas quebrándose, crac, crac, crac, y el frío helado del final de la noche cuando empezaba a amanecer. Grité el nombre de Mariella varias veces, pero no me escuchó, seguro ya estaba rumbo a Lima. Con el tiempo me acostumbré un poco a su ausencia, pero desde que regresó, mi corazón no hace más que guiarme hacia su casa.
La he rondado desde hace varias noches sin que nadie se percate de mi presencia. Reconozco que no he sido cuidadoso, algunas veces he tropezado con los tachos de basura, pero nadie ha salido a ver de dónde procedía el barullo, o tal vez sí y no me he percatado de ello. Es difícil hacerlo en estas condiciones, estar muerto no es cosa de todos los días.
Mariella lloraba por las noches desde que dejamos de vernos. Su padre se encargó de alejarnos definitivamente, me cogió de los pelos y me dijo: no quiero verte nunca más cerca de mi hija, tú no puedes ser bueno, carajo, no puedes. Intenté defenderme agitando los brazos pero él era más fuerte, hasta que todo quedó en silencio.
Mariella y yo teníamos muchos sueños: ella quería ser enfermera y yo soñaba con una tienda enorme, como la que tiene su padre en la esquina de Centenario, pero más grande aún, la tienda más grande de Huamanga. Ahora eso es imposible. Todo es extraño y vacío, ella llora todas las noches desde que regresó de Lima y yo la pienso a cada instante. He intentado enviarle algunas cartas, ver la forma de comunicarme con ella, pedirle que se escape conmigo, que nos vayamos a Arequipa a la casa del Arthur, él nos recibiría gustoso un tiempo, hasta que me dieran mi primer pago por trabajar en la chacra de mandarinas de su padre y poder mudarnos juntos a un cuartito, pero todos mis intentos han sido en vano. La noche en que su padre me llevó de los pelos por la quebrada, la enviaron a Lima, a casa de su tía. Aquella noche ella gritaba que por favor no me hiciera nada, que yo era bueno, que me quería mucho. Pero su papá gritaba más fuerte que yo era hijo de policía, que su hermano –que en paz descanse –se volvería a morir si viera que ella estaba saliendo conmigo. Mi padre nunca me contó nada de eso, y mi madre –que en paz descanse –se fue antes que yo pudiera empezar a extrañarla.
Crecer así no es fácil. En el colegio me insultaban mucho y me molestaban a cada rato. Durante el recreo me iba al fondo del patio a leer un libro de cuentos que me gustaba mucho,Las mil y una noches se llamaba. Sólo así podía olvidarme de tanto problema y evitar que los demás chicos me insultaran.
Todo empezó cuando mi papá salió en una foto en los periódicos, en ella aparecía con la camisa del uniforme manchada de sangre y llevaba la pistola en una mano, pero no alcancé a saber exactamente de qué se trataba porque él me prohibió leerlos. Mi papá no es una persona fácil, últimamente llegaba tarde y apestando a alcohol, gritando lisuras sin sentido para luego encerrarse en su cuarto murmurando que sólo recibía órdenes, pero tampoco sé de quién. No sé quién podría darle órdenes a mi padre. Entonces, luego de que apagara su lámpara, lo oía llorar y decir el nombre de mi mamá, que dónde estaba ahora, que por qué no se lo llevaba con ella. A esas horas el viento es un susurro y hace mucho frío. Las calles están oscuras y algunas veces hasta los perros dejan de ladrar. Ayacucho significa “rincón de los muertos”, tal vez sea verdad y hasta el perro bravo que duerme en el kiosco de los periódicos tenga miedo y se obligue a dormir para no ver nada de lo que, dicen, sucede en la plaza. La profesora Antonia nos contó una vez, hace mucho tiempo, que por las noches salen las almas a pasear para recordar tiempos mejores. No entiendo cómo en medio de esa oscuridad y ese frío se podría recordar algún tiempo mejor, le pregunté una vez a Mariella. Ella me explicó que las almas buscaban algún recuerdo perdido en aquella plaza, y creo –ahora que pienso tanto en todos los momentos que pasamos juntos –que en ese instante me enamoré de ella. Usaba anteojos y tenía su cabello muy negro y bonito, sonreía mucho y le gustaba que le leyera en voz alta. Eso fue cuando nos conocimos hace tres años durante el recreo. Fue la única que me defendió cuando todos empezaron a insultarme y a insultar a mi padre. Luego me fueron aislando de todas las actividades del colegio. Mis notas bajaron terriblemente y con ellas aumentaron las palizas en casa. La profesora Antonia intentaba conversar conmigo pero desarrollé un temor muy grande hacia todo. A veces creo que fui muy cobarde. Sólo Mariella me dio su hombro para apoyar mi cabeza y conversar, contarle de mis sueños y así poco a poco la empecé a querer cada día más. A veces lloraba mucho y ella sólo acariciaba mis cabellos, que son negros como los de ella pero no tan lindos. Me decía que cuando fuéramos más grandes podríamos irnos a algún lugar muy lejos de todo y que seríamos felices. Pero su padre se enteró que salíamos casi todas las tardes de la secundaria a caminar por el cerro, y fue ahí cuando le pegó en la cara y la amenazó con enviarla a Lima si me seguía viendo. Luego las cosas se pusieron más terribles y un día me envió una carta con Sofía, donde me decía que se iba a la capital, que la enviaban a un colegio de monjas y que viviría en casa de su tía. Aquella tarde, con cada una de sus palabras sobre aquel papel que poco a poco iba arrugando entre mis puños, se me ocurrió la idea de escaparnos de una vez. Sofía se asustó al verme así: mudo, con los puños apretando su carta y las mejillas bañadas en lágrimas.
Fue la peor idea que se me pudo ocurrir.
Llegué al atardecer, cuando las sombras desaparecían hasta sumir el campo en una oscuridad invasiva. En la mochila tenía lo necesario para el viaje, poca ropa y algo que tomé de la alacena. Mariella se sorprendió cuando me vio haciéndole señas con la linterna; salió a mi encuentro y me abrazó muy fuerte, estaba llorando y tenía un ojo morado. Me dio mucha pena verla así, tan demacrada y desprotegida, le juré que si escapábamos todo saldría bien, que nunca más nadie le pegaría, que estaría siempre ahí para defenderla. Entonces me besó, suavemente, el beso más tierno y dulce de mi vida. Acaricié sus cabellos, besé sus labios y sus pómulos, sentí la fragancia de su piel tan cerca… ahhh, Mariella, siempre fuiste mi amor. Me dijo que sí, que nos iríamos bien lejos, que me quería con todo su corazón, que lo que había hecho mi padre no tenía nada que ver conmigo, y fue entonces cuando el suyo apareció tras los arbustos y la golpeó en la cara tan fuerte que pensé que se iba a desmayar. Yo salí a defenderla y empecé a golpearlo con rabia, pero él era más grande y de un puñete en el estómago me redujo al instante. Luego sus peones se llevaron a Mariella, que gritaba que no me hiciera nada, que ella me quería.
“Tu padre mató a mi hermano”, me dijo entonces mientras yo me retorcía intentando recuperar el aliento. Sentía que la barriga me ardía y que mis pulmones estaban completamente vacíos, me desesperé. “¡Tu viejo, ese perro policía, traidor del pueblo y del Partido, mató a mi hermano! Ahora arreglaremos cuentas…”
Después recuerdo poco. Dolor intenso, mis costillas quebrándose, crac, crac, crac, y el frío helado del final de la noche cuando empezaba a amanecer. Grité el nombre de Mariella varias veces, pero no me escuchó, seguro ya estaba rumbo a Lima. Con el tiempo me acostumbré un poco a su ausencia, pero desde que regresó, mi corazón no hace más que guiarme hacia su casa.
La he rondado desde hace varias noches sin que nadie se percate de mi presencia. Reconozco que no he sido cuidadoso, algunas veces he tropezado con los tachos de basura, pero nadie ha salido a ver de dónde procedía el barullo, o tal vez sí y no me he percatado de ello. Es difícil hacerlo en estas condiciones, estar muerto no es cosa de todos los días.
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martes, 6 de noviembre de 2012
VIAJE DE IDA DE FERNANDO AMPUERO
El último miércoles 31 de octubre, Fernando Ampuero
presentó en la 33° Feria del Libro Ricardo Palma de Miraflores su último libro
“Viaje de Ida”, editado por la reciente Lápix Editores.
Y si bien, muchos recodamos su bien logrado libro de
crónicas “Gato Encerrado”, que por cierto algunas facultades de comunicación y
periodismo exigen a sus estudiantes como lectura obligatoria, “Viaje de Ida” no
es precisamente un libro de crónicas, ni mucho menos su continuación, pues él
va más allá de eso, según las impresiones del propio autor, que confesó en
plena presentación que los textos prácticamente le fueron arrancados de su baúl,
por su amigo Eduardo Lores que además de Patricia del Rio, ocupó la mesa del
lanzamiento.
“Esto es un exceso, porque creo que ya no pensaba
publicar más, luego del Peruano imperfecto, La Antología personal, y la
reciente publicación en Chile de La trilogía callejera de Lima” dijo en tono
hilarante a los asistentes, que en realidad es un libro de impresiones,
reflexiones, pequeños ensayos, y notas curiosas.
En un dialogo divertido se regodeaba con Patricia, su otrora subordinada en la época
que él dirigía la revista Somos del diario El Comercio, y que siempre le exigía a ella: “las notas o
textos van con foto, sino no sirven”. Aclarando luego, que solo seguía la
escuela de “Caretas”, precisamente en presencia de un Enrique Zileri atento
entre el público en la primera fila. O la vez que el poeta Rodolfo Hinostroza
inmortalizó la frase: “No es lo mismo un desnudo griego, que un cholo calato”, así, ente risas en el Salón de Actos de la Municipalidad
miraflorina Ampuero sedujo con sus historias orales, que de seguro ha sabido
plasmar en este ultimo titulo, que quizá nos devele a un autor más libre
consigo mismo y con sus lectores, con el único afán de ejercer un oficio
literario, mostrando únicamente detalles humanos y existenciales de otros
escritores o iconos que fueron bendecidos en algún momento por la fama.
Finalmente, al terminar la presentación, en un breve
dialogo que entablamos en el brindis de rigor, me confió que su viaje de ida
todavía continua, pero que es poco probable que emprenda un viaje de vuelta.
miércoles, 31 de octubre de 2012
TRICICLO TELEVISIVO
¿En qué momento se jodió la
televisión? Parafraseo algo semejante a lo que se preguntó nuestro Nobel Mario Vargas
Llosa sobre el Perú, hace 43 años en su novela “Conversación en la Catedral”.
Hoy ya no deseo ver
televisión. Y lo digo en serio, porque muchos conocidos, amigos o parientes que
se acreditan de “pensantes” proclaman a voces: ¡No, que va! Yo nunca vi televisión.
Eso es para los ignorantes, me dicen. A diferencia mío, que sí reconozco que
antes me gustaba la televisión, y que me enganchaba con muchas de sus series, y
de sus ciclos de cine, y programas concursos, recuerdo “La Pregunta de los Quinientos
Mil Reales” y “Lo Que Vale El Saber” con Pablo de Madalengoitia, y hasta “El
Cielo es el Límite” de un joven Ricardo Belmont aún no quemado. Y qué decir de
aquellos noticiarios y programas políticos, como el Pulso del genio Alfonso Tealdo,
y luego un “Contacto Directo” de un joven y agudo Alfredo Barrenechea,
felizmente no existía aún “En persona” del dizque vocero de la verdad César
Hildebandt.
Y ahora cuando hago
“zapping” en la señal abierta (no hablo del Cable porque es hablar de otra
flora y fauna) ¿Qué veo en mi liviano LED de 42”? que nada tiene que hacer con
mi otrora TELEFUNKEN de 21” que aparte de pesar cincuenta kilos, pesaba
realmente por su “contenido”.
Solo eso. Noticias y enlaces
infames, mediáticos, faranduleros y tendenciosos. Un Presidente de la República
que prometió un “cambio” y luego de ser elegido se plegó al sistema “exclusivo”. Un Primer Ministro simbólico
que es monitoreado por la verdadera “Premier” Nadine Heredia. Una alcaldesa que
cuando “queman las papas” en “La Parada” (una mafia de arrendadores de puestos
comerciales que no desean dejar la marmaja), se va de viaje a solucionar
primero sus problemas personales en vez de los problemas comunales. Y que
además deberá afrontar una inquisidora campaña de “Revocatoria”, que de darse,
le saldría cara a la comunidad limeña, en tiempo, dinero y productividad. Un Ex
-Presidente que pretende un indulto, pero que ni siquiera se ha dignado a
firmarlo (la solicitud). Una madre “pituca” que interna a su hija en un centro
de rehabilitación para que le curen de su “enfermedad” padecer de lesbianismo.
Otra chica “bien” que fue sentenciada
por delito de parricidio a treinta años de pena privativa solo por pruebas
“indiciarias”, obedeciendo a la simple presión mediática de una prensa que
abrió todas sus puertas a un “hermano” frio, calculador e implacable con ella. Una
exposición de arte miraflorino considerado “sacrílego” y que ha organizado a un
vasto grupo de religiosas para detener tal “pecado”. Un joven “acomodado” y
“borracho” que embistió y mató a un taxista con su vehículo, y que arrojó luego
de su respectivo dosaje etílico, 1.6 grados de alcohol, y cuya jueza que ve el
caso “prevaricadoramente” le da mandato de comparecencia, en lugar de enviarlo
a un penal.
Y qué decir de los programas
vespertinos. Son algo así como concursos de “chapes” y “aparres” sexuales, más
que sensuales, en que los “culitos”
túrgidos de las participantes hacen el deleite de los más erotómanos
espectadores. Algo parecido se emite a la noche, en una casa habitada por los
seguidores de “eros” hombres y mujeres que juegan al encuentro más íntimo para
encontrar sus supuestos secretos.
Son noticias y programas que
venden y hacen rating, y que nos excitan a muchos de nosotros, y que hacen que
no nos despeguemos de nuestra pantalla televisiva (algunos prefieren las redes
sociales en su portátil). ¿Pero qué hay de las noticias o hechos culturales, o
anti-culturales? ¿Acaso se ha emitido por la televisión la noticia de la
reciente apertura de una nueva tienda Ripley allí en el jirón de la Unión?,
nada menos que en el predio del emblemático patrimonio artístico y
arquitectónico el “Palais Concert”. Pues no. Pese a las irregularidades habidas
en el proceso de su refacción y “demolición”. Y en este momento, ¿acaso los
programas noticiarios están informando sobre el inminente cierre y desalojo de
la ya establecida y posicionada “Casa de la Literatura Peruana”? solo para
reubicar en el mismo recinto, nada menos que a la ya cuestionada PCM (Presidencia del Consejo de Ministros). No pues, eso no se
difunde porque seguro que no le interesa a nadie, aunque en breve ya se dará
una vigilia de parte de grupos de “intelectuales” en protesta de la insólita
decisión.
Felizmente existe un canal 7,
con señal del Estado, y que hoy se llama TV Perú. Aunque cambia de nombre con
el gobierno de turno. Pero que paradójicamente presenta la mejor programación
habida y por haber, con programas culturales, turísticos, y de actualidad que
solo se proponen difundir lo mejor de nosotros y de nuestras raíces, y nuestro
Perú.
Todo lo variopinto y de
contenido controvertido que escribí líneas arriba; se ve por televisión, y
aunque nos rasguemos las vestiduras, echándole la culpa y lanzándole
responsabilidades a los broadcaster, productores, congresistas, y autoridades
en general; nosotros (la colectividad, y/o opinión pública) somos en gran parte los responsables de estas
pobres emisiones, noticias, hechos, delitos, gestiones, etc. solo por el hecho
de permitirlo. No olvidemos esa famosa frase atribuida al gran estadista inglés
Winston Churchill que decía: “Cada pueblo
tiene a los gobernantes que se
merece”…y en este contexto podríamos modificarlo diciendo: “Cada televidente tiene a los líderes de
opinión que se merece”.
jueves, 27 de septiembre de 2012
PESE HABER SUFRIDO UN ROBO EN EL ESCENARIO AIR SUPPLY HIZO VIBRAR LIMA
Cuando ingresamos al Centro
de Convenciones del María Angola nuestras expectativas aún se mantenían
incólumes, el recinto se encontraba aun “conservador” en su capacidad, y la
gente iba ingresando serenamente hasta ocupar sus lugares para lo esperado.
Dieron las 9.00 de la noche, y salió al
escenario el telonero de rigor; ésta vez fue el ex-Zen Jhovan Tomasevich que con
guitarra en mano y perfil de trovador, empezó con sus temas algo pausados pero
que luego cobraron más calor a medida que el público se iba enganchando con sus
acordes de guitarra seguidas de su melodiosa voz.
9.35 de la noche. El telonero
emprendió la retirada con el debido aplauso del público, y rápidamente sin
dejar siquiera darse un aliento irrumpieron Graham Russell y Russell Hitchcock
con el tema “Even the nights are better”
a lo que el público siguió sorprendido a medida que avanzaba el “single” pues
se había difundido la leyenda de que Russell ya había perdido la voz, esa voz
tan característica y aguda que lo ubicara como uno de los vocalistas más
significativos de la balada en ingles, pero la sorpresa no abandonaba los
rostros de los que presenciábamos su actual “performance” una voz potente, aún
limpia, algo que hasta ahora nos parece increíble porque al husmear en otros
videos recientes de conciertos anteriores incluso los “unplugged”, su interpretación vocal era algo decaída sin
poder llegar a las notas altas.
Sucede que muchos grandes músicos al llegar al Perú
se sienten tan identificados que no hacen otra cosa que esforzarse por
satisfacer a su público seguidor. Sucedió con Paul Mc Cartney que luego de su
apoteósico concierto en Lima, después de su presentación en Chile, los
melómanos del país sureño se quejaron de su actuación sosteniendo que en el
Perú él fue más tierno, mas compenetrado con su público. Y lo mismo pasó con
Air Supply, pues el dúo no dudó en bajar hasta la platea en plena ejecución de
“The one that you love” para mezclarse con un público embelesado que veía y
abrazaba de tú a tú a su artista favorito.
Aunque la nota desagradable fue la
declaración que hicieron, hablando con un inglés fluido, en el que manifestaban
que el concierto estuvo a punto de cancelarse porque antes del show fueron
víctimas de un robo inesperado en el propio escenario, pues se habían llevado
algunos instrumentos musicales, así como computadoras personales, a lo que
Russell agregó que era extraño que Air Supply que venía a buscar amor,
encuentre luego algo lamentable. Aunque inmediatamente ellos mismos disiparon
la noticia con su entrega en el mismo escenario.
Así, revivieron sus clásicos
ochenteros como “Just as I am” “Every Woman in the World” “Making Love Out Of
Nothing at all” que por cierto hizo vibrar el María Angola, para cerrar finalmente con el melódico “All Out Of
Love” (a las 11.00 pm) en medio de la ovación colectiva dejando a un
“respetable” agradecido y satisfecho de la amplificación de sonido a la altura
de los músicos y la adecuada acústica del auditorio que lograron acariciar las
expectativas auditivas de todos.
Sin duda no será la última
presentación de ésta banda que alguna vez fuera telonera del escocés Rod
Stewart, y que además ya cumple 37 años de carrera musical, ostentando su sexta
presentación en la capital limeña (año 93 en el Muelle Uno, año 95 en el Colegio
San Agustín, año 98 nuevamente en el Muelle Uno, año 2002 en el Centro de
Convenciones del Jockey Plaza, y en el María Angola en el 2010).
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