El último fin de semana, una
de nuestras mayores voces vivas de la poesía contemporánea, Carlos German Belli
(1927) fue homenajeado en el 1er festival de la Palabra organizado por el CCPUCP.
Las palabras de reconocimiento estuvieron a cargo del también poeta y académico
Marco Martos, y del director general del festival Edgar Saba.
Carlos Germán Belli es un
poeta agradecido con la vida. A sus 86 años, él celebra el hecho de haber
respirado los aires del siglo pasado, con sus tradiciones, y convencionalismos,
sin embargo, también se siente satisfecho de ser parte de la modernidad, de
esta Era, que corre como luz, y que mantiene a su vez, ese imprescriptible
respeto hacia la belleza hablada, la voz, y la poesía.
Miembro de la generación del
cincuenta, que brindó además, a otros exponentes ilustres como Washington
Delgado, Alejandro Romualdo, Javier Sologuren, Emilio Adolfo Westphalen, Francisco
Bendezú, entre otros.
El Centro Cultural de la
Católica, vibró la última noche, con un numeroso público, tan cálido, y honrado
de ver a uno de nuestros más importantes poetas vivos.
OH HADA CIBERNÉTICA
Oh Hada Cibernética
cuándo
harás que los huesos de mis manos
se
muevan alegremente
para
escribir al fin lo que yo desee
a la
hora que me venga en gana
y
los encajes de mis órganos secretos
tengan
facciones sosegadas
en
las últimas horas del día
mientras
la sangre circule como un bálsamo a lo largo de mi cuerpo
Medianoche en París es la última cinta del neoyorquino Woody Allen. Y a decir verdad, vuelve a la carga, al mostrarnos un magnifico retrato urbano, en el que se entremezclan las nostalgias, los deseos, las ilusiones y las frustraciones personales de seres que simplemente no se sentirán nunca conformes con lo que han podido lograr en un nada apacible, y más bien mundo neurótico que corre a la velocidad de la luz. Y el escenario donde se desarrolla la trama, no ha podido ser más hipnotizador, pues nada menos que Paris, la ciudad luz.
La película empieza con una serie de imágenes de los sitios más emblemáticos de la ciudad francesa acompañados de la infaltable banda sonora muy al estilo jazz, género preferido del director. Y lo curioso es que simultáneamente surge la típica voz en off del supuesto Allen; pero la sorpresa es que la voz viene del actor Owen Wilson que interpreta a Gil, un escritor de guiones para películas americanas, que acompaña a su prometida Inés (Rachel Mc Adams) a Paris a un viaje temporal, que luego resultará una aventura fantástica e idealista, muy al estilo de una novela literaria que nos mantiene atentos con su natural ritmo.
Una vez instalados en la ciudad, Gil e Inés son los invitados de los padres de ésta, para pasarla de cena en cena y de compras durante el día, lo cual no seduce para nada al escritor. Y peor aún cuando coinciden con una pareja de amigos de Inés, en la que el novio, Paul (Michael Sheen) resulta ser un patán de primera, que no deja de alardear sus conocimientos académicos, lo que despertará una extraña atracción en Inés. Pero Gil, luego se dispensará de acompañar al grupo a sus bailes nocturnos, para dedicarse a andar por las noches parisinas para inspirarse en escribir algo que logre satisfacerlo en lo personal, pues desde que llegó a la ciudad, decidió que debería afincarse en ella para impregnarse de su atmósfera mágica y artística, como lo hicieron algunas décadas atrás varios artistas y escritores. Es allí donde da inicio a su mágico tour por el tiempo, y en la medianoche, es recogido de una calle por un viejo coche de la belle époque, en el que podrá alternar con los iconos del arte y la literatura de los años veinte. Personajes como Scott Fitzgerald y su bipolar esposa Zelda, Ernest Hemingway, Henry Matisse, Edgar Degas, Juan Belmonte, Man Ray, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Pablo Picasso, Adriana (la ocasional amante de los artistas), Henri de Tolouse-Lautrec, T.S Elliot y la temperamental Gertrude Stein se darán el tiempo suficiente para tertuliar e influir en las próximas decisiones de Gil, llegando incluso hasta el célebre Maxim`s de Paris.
Definitivamente “Medianoche en París” es un tributo a la ciudad luz, y en especial a ese ambiente artístico y bohemio que la caracterizó desde el siglo pasado; pero lo más esencial de esta fábula, es desmitificar que todo tiempo pasado fue mejor, pues el protagonista ha tenido que vivir con propia experiencia su paso por los maravillosos años veinte para reflexionar sobre la insatisfacción del ser humano con su entorno, pues al tenerse algo consigo, simplemente faltará más y siempre más, es como obedece así la complejidad del ser humano, y Allen simplemente ha sabido parodiar una metáfora fascinante e idealista, en la que designa como su alter ego al indeterminado Gil.
El reparto es variopinto, desde la sensual Marion Cotillard (que interpreta a la musa Adriana); hasta la primera dama francesa Carla Bruni, que hace el papel de una encantadora guía turística. Y el final, aunque es algo predecible, no deja de ser romántico, en especial para los admiradores del compositor de Night and Day, el genial Cole Porter.
Y, si como espectadores hemos quedado algo no correspondidos con las dos anteriores cintas del genio neoyorquino, cabe mencionar que en esta ocasión ha sabido reivindicar su muy creativa manufactura de antaño, con planos pausados pero eficaces en la distención, logrando así una placentera fotografía y una soberbia banda sonora.
Ficha Técnica:
- Titulo original: Midnight in Paris.
- Director y guionista: Woody Allen.
- Fotografía: Darius Khondji.
- País: Estados Unidos, España.
- Año: 2011.
- Duración: 100 minutos.
- Genero: Comedia romántica.
- Reparto: Owen Wilson, Rachel Mc Adams, Kurt Fuller, Mimi Kennedy, Marion Cotillard, Michael Sheen, Adrien Brody, Kathy Bates, Alison Pill, Léa Seydoux.
Rafael de la Fuente Benavides (1908-1985) cogió el seudónimo de Martin Adán cuando José Carlos Mariátegui le encomendó escribir sus primeras coplas para la revista Amauta. Su inclinación por la poesía fue temprana, desde los años escolares en el colegio Alemán. La vida de Adán fue algo así como una novela que cumple con todas las condiciones para poder atrapar a los lectores, provista de drama, alcohol, aventuras, bohemia, entre otros componentes antagónicos. Mas que azarosa, fue peculiarmente libre y anti convencional, y siempre se encargó de guardar distancia con los extraños para que no especulen sobre su vida, esa era la enérgica repuesta que daba a todos los que creían que su poesía guardaba relación con pasajes de su vida; tal vez por eso trató de no plasmar luego en los versos, pasajes concretos. A diferencia de su novela La casa de Cartón (1928). Recuerdo que la primera vez que la leí en el colegio, era un librillo con tapa color azul editado por Peisa y Mejía Baca. Me pareció rarísima, y casi no la entendí, pero creo que surgió cierta química con el chico que me contaba todo sobre Barranco.
La poesía de Adán aparentemente revela un mea culpa existencial, por su sensibilidad en los temas meramente humanos, pero más allá de eso, se interna con absoluta genialidad hacia la belleza del lenguaje poético. Escrita en principio al estilo barroco, nos invita a lidiar con las palabras algo inasequibles, pero posteriormente su poesía cobra mayor comprensión. Y si algo debe quedar en claro; es que hoy existen notables poetas con una vasta obra, pero han perdido el culto hacía la ontología, y no se desligan de esa poesía descriptiva que solo ve el horizonte. A diferencia de Adán y Vallejo que supieron rendir tributo al Ser (onthos). De igual forma, el poeta se preocupó de centrar la atención de sus lectores únicamente hacia sus textos, con la condición de no vincularlos con él. Pues no paró de proclamarse como un gramático, y en 1981 declaró: “escribo despierto con plena lucidez, atento a la gramática”, pero tenazmente continuaba la pregunta entre el vinculo de su poesía con sus vivencias, a lo que respondió con contundencia: “Ninguna. La vida se me impone, la poesía la elijo”.
Por otro lado, existe la leyenda del personaje que andaba ferozmente ebrio, de bar en bar en el centro de Lima, con imagen desaliñada, y que escribía sus versos en las servilletas de papel, antes de regresar al hospital Larco Herrera donde fue huésped por muchos años debido a sus síndromes depresivos. Sin duda lo marcó la pérdida de su padre a tempana edad (7 años) quedando al cuidado de su inflexible tía Tarcila en el barrio de Barranco y Lima.
No obstante, lo poco que conocemos del poeta se debe a breves testimonios de algunos personajes que compartieron tertulias y momentos comunes, y existen pocas biografías serias, a excepción de las de Estuardo Núñez en la revista Letras Peruanas en 1951, y la de José Antonio Bravo en 1987.
Adán, gran representante de la literatura innovadora y vanguardista latinoamericana, cayó enfermo en el año 1984, y tras una intervención quirúrgica en el Hospital Arzobispo Loayza por problemas renales, lo trasladan al albergue Canevaro muy cerca del Paseo de Aguas en el Rímac. Pero el 29 de enero de 1985, retorna al hospital Loayza para otra intervención, y deja de existir, luego de un insano abandono, para partir hacia la eternidad y unirse en compañía a sus cofrades Vallejo, Arguedas, y Valdelomar.
Escritor, Gestor cultural, graduado en Leyes, y Editor periodístico.
“Para mí la felicidad existe, en la medida que hagas feliz cada minuto que transcurra en tu vida” así que… “No lo pienses mucho y solo hazlo”
Cuando tenía diez años, un día mi padre me dio dinero para comprarme una porción de pollo a la brasa, y al ir de regreso a casa, por el camino, tenía llevando el pollo y sus papas que, por estar muy calientes, hicieron que el plástico de la bolsa se derritiera, y el pollo con la papas salieron disparados entre aceras y calzadas. Inmediatamente apareció una jauría de perros que no tardaron ni un minuto en devorarse todo. Al llegar a casa algo asustado y con lágrimas en los ojos, apenas miré a mi padre y le dije llorando lo que me había sucedido. A lo que él me respondió:
¡No te preocupes hijo! A cualquiera le puede suceder… y se dispuso acompañarme para comprar otro pollo a la brasa. ¡A partir de ese momento, me sentí el ser más seguro del planeta!
¡Donde estés… eres grande Lucho!